LA INGRAVIDEZ QUE SOMOS por Antonio Ríos
LA INGRAVIDEZ QUE SOMOS
Antonio Ríos
XI Premio Internacional de Poesía Covibar-Ciudad de Rivas
Vitruvio, 2024
Conocí a Antonio Ríos en un taller online de poesía que organizaba Ana Isabel Alvea sobre «Poesía española contemporánea» impartido por Jorge Díaz Martínez.
Antonio leyó un poema de los seleccionados por Jorge y me impresionó gratamente su forma de recitar.
Después supe que tenemos un amigo común: José Manuel Martín Portales, lo cual me alegró por la coincidencia.
He leído este libro un par de veces y me parece muy original su planteamiento, un libro con un buen voltaje poético.
En el poema inicial «Teoría del todo» Antonio esboza bien la visión del poemario: partiendo de los cuatro elementos primordiales (fuego, tierra, agua y aire) y de las cuatro fuerzas o interacciones fundamentales (la energía nuclear fuerte, la energía nuclear débil, la energía electromagnética y la energía gravitacional) se ordena el libro en otras tantas secciones más la quinta que es una quintaesencia: el éter o energía oscura.
En torno a cada sección van orbitando los poemas, con títulos peculiares y sugerentes, que dan una interpretación genuina de cada uno de los elementos e interacciones:
– Primera interacción: un chasquido de rocas es el primer fuego, un incendio de azules, un abrazo de asombros.
– Segunda interacción: tus labios de brisa son la utopía, un temblor que ahogue la sed, la belleza que muere en el lenguaje.
– Tercera interacción: la caricia del labio en la luz, la pupila es un eco de estrellas, los jardines que alimentan la voz.
– Cuarta interacción: el instante se hace presente, los pájaros llaman a vivir con atención, “vivir es inventar finales alternativos a la muerte”, la vida es una ecuación de amor, dolor y muerte.
– Quinta interacción: ante las turbulencias no vale el “sálvese el que pueda”, los niños son los primeros, no todo vale, esa mirada en la niebla…, un horizonte de nubes inescrutables, el código queda guardado en las preguntas, en las constantes despedidas,
Estas fuerzas de interacción son la energía que mueve el poema, la energía que subyace en las palabras, es el aire que se hace voz.
Hay mucho de física y de reflexión sobre el sentido. Todas las cosas se relacionan. Todas las cosas se aman. Hay un canto de amor y de ternura.
Hay aforismos (“no rendirse es una forma de arte”) y hay lenguaje coloquial.
El centro de gravedad es el amor y la fe en la vida, la conciencia y la esperanza, pero fluyendo entre los vientos del caos y de la pérdida, con el horizonte del destino final.
Alguien nos busca en este navegar por la vida, aunque siempre nos invade el miedo al naufragio, que me recuerda estos versos de Luis Rosales:
“Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir…”
Pero como dice la cita final del libro podemos mirar el fin con serenidad.
Enhorabuena, Antonio, por este hermoso libro tan unitario y lleno de sentido.






