EL BROTAR DEL ASOMBRO, por Rafael Redondo
Saberse quedar con el corazón a veces roto, con la agresividad a flor de piel, con la esperanza hecha jirones, vivir la trampa del atrapamiento. Y pararse en el temblor, abriéndome, soltándome, rindiéndome, liberándome del lastre. Porque liberarse es más, bastante más que iluminarse, ya que hasta que no haga de mi vida y acción la vida y acción de todos los seres, no seré libre. Y ello supone, más bien exige, la aniquilación del viejo yo, la dependencia de mi personaje, y eso se dice pronto… Estoy hablando de algo más, bastante más, que el mero despertar. Estoy hablando de transformación, de muerte y, sobre todo, de resurrección.
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No huir. Invitar al mal a nuestra casa. Y si es preciso, insisto, abrazar al monstruo. Aceptar lo que es, observándolo, viviéndolo. Sin escapar del presente y huyendo hacia el futuro mediante la comparación de mi penoso estado con otro estado más favorable. Contrastar y descubrir que atravesar el dolor puede llevarnos a crecer con él. Eso es afrontar la vida directamente: aquí y ahora. Y al margen de la espiral pensamiento-emoción que trae el constante pajareo de los pensamientos. Y, sobre todo, hacer un valeroso acto de fe en el legado de los sabios, cuando anuncian la promesa de dicha que sucede al hecho de “atravesar” con valor el dolor y el sufrimiento. […] Abrazar el monstruo, aceptar lo inaceptable, sin huir, nos impulsa a una nueva conciencia muy lejana de la espiral pensamiento-emoción-depresión. se trata de salir de la trampa, de encarar lo que es. La meditación no es un escape hacia la iluminación para quienes se niegan a cambiar, sino un medio de transformación, como siempre lo evidenciaron los viejos maestros. Lo digo desde aquí a los que falsamente esperan la liberación en la evasión, a los devotos seguidores de cierto modo de entender la Conciencia Plena a través de escapatorias esporádicas a costosos cursillos en hoteles de lujo donde unos ciegos servidores del Dios Mercado dicen guiar a otros ciegos. Seguir en la espiral de la ceguera es económicamente consolador. Está de moda. Y que unos ciegos guíen a otros ciegos, altamente rentable para los primeros, aunque un gran fracaso a medio plazo, porque nadie puede servir a Dios y al Mercado, al maestro de la mentira y al que echó a los mercaderes del templo. No cabe transformación sin transformarse.
Rafael Redondo
Fuente: http://www.cetr.net/




