ENTREVISTA A CHRISTIAN BOBIN

ENTREVISTA A CHRISTIAN BOBIN

 

Dejo algunos fragmentos de esta entrevista a Christian Bobin que me han resonado:

(…)

Solemos quedarnos en este mundo concreto, formal, y vivimos de acuerdo al mismo. ¿Cómo haces para abrir esa puerta que te lleva de este mundo al que está al margen de éste?

Sí, traspaso estos mundos constantemente; y es sin duda el motivo por el que escribo. Necesito respirar y entonces voy a donde hay aire y en el mundo no lo hay: hay dinero, hay voluntades crispadas, hay una fuerza, hay espectáculo, pero no hay aire. No puedo respirar en el mundo. Pero como todos nosotros, estoy en él y he de acudir al mundo por momentos, aunque me alejo del mismo en cuanto puedo para encontrarme con el lugar del aire, con el “gran largo” que me devuelve mis ojos, mis pensamientos y mi vida. Leo mucha poesía, es algo que amo profundamente y cuando abro un libro de poemas es como cuando se va a buscar diamantes en la tierra. Me gustan muchos poetas y a cada vez que abro un libro tengo la impresión de abrir una ventana con vistas al interior (no al exterior). Mientras leo, siento que mis manos se ponen contentas de ese contacto, porque un libro no es un objeto del mundo. Hay otro mundo muy suyo que se mezcla con este otro conocido. Y seguramente se necesitan años para aprender a discernir entre estos dos mundos, aprender a distinguir entre el alimento que nos nutre y el alimento que está muerto. Pero esto se hace constantemente; no creo que haya momentos específicos para hacer esto.

(…)

Pero si podemos vivir la experiencia, aunque sea dolorosa, con el grado de calidad que tú le pones, sería otra historia. Afrontar la enfermedad desde tu punto de vista es estar despierto, como siendo consciente de la vida que hay allí y del enriquecimiento que uno encuentra en el saber estar de verdad junto a alguien.

Encuentro que la vida se parece mucho a un cuento. Hay que precisar que los cuentos no son siempre de color rosa, relatan cosas muy dolorosas y en ellos encontramos a menudo pruebas para atravesar y que pueden acabar en una metamorfosis: una princesa que se transforma en una pobre mujer, por ejemplo. Y la vida también llega a veces disfrazada de pobre mujer en harapos y hay que saber ver que se trata de una princesa. Hemos de comprender lo que es una princesa. Pero es muy difícil hablar de esto que llamas despertar. Los grandes acontecimientos, los que son difíciles, a veces nos llevan a encontrarnos con esta inteligencia de la vida; se ve en el rostro de las personas que viven algún acontecimiento extraordinario. Llega como una dulzura al rostro de las personas, también una inteligencia, la única que es válida en mi opinión y que no es abstracta, sino más bien una inteligencia que responde a lo que la vida nos está pidiendo; al cuidado que se está pidiendo que pongamos por nuestra parte, porque la vida es extremadamente frágil y los acontecimientos, a veces brutales, nos llevan a esta cosa. No sé si se puede despertar sin que haya un “shock”, depende de las personas.

No sé qué decir a una persona que prefiere los aparatos electrónicos a las personas cercanas. Me da pena y entiendo que, aparentemente, no les hace ser felices. He observado dos estados de ausencia diferentes: a veces cojo el tren para ir a París y veo cada vez menos personas leyendo libros en papel y más delante de una pantalla. Ambos están absorbidos por algo: el lector del libro y el lector de pantalla. Y en cambio el rostro no es el mismo; es difícil de explicar, pero no sube el mismo silencio entre uno y otro. La persona delante de la pantalla parece inaccesible, es tan difícil de alcanzar como la persona que está soñando. Habría que atravesar la espesura de su sueño para ir a buscarla. En cambio la persona que está leyendo un libro, está en un espacio que no te niega: puedes acercarte a ella y preguntarle qué está leyendo, por ejemplo; esto no se puede hacer con el que está delante de la pantalla: es impalpable, pero hay algo que está más cerrado: sé que esto es discutible y que sólo dispongo de mi sentimiento para hablar así. Es evidente que las pantallas son necesarias, pero estoy hablando de lo mismo que hablamos desde el principio y es la atención: la atención llevada a la vida más frágil.

Esta atención conlleva un ritmo, como el de ir al paso de la vida. Siento algo reposado en tus descripciones, una tranquilidad. Parece que vivas despacio, como si vivieras en una aldea retirada…

Me gusta esta imagen y es así. El principio siempre es el mismo. Se trata de poner atención en la vida, a la vida. Veo la vida un poco como un animal salvaje. A veces se acercan a la casa unos gatos salvajes a los que alimentamos con restos de comida (quizá no deberíamos hacerlo porque antes había uno, ahora ya son tres). Pero bueno, estos gatos no dejan que nos aproximemos demasiado, y si queremos acercarnos, cada paso que demos ha de hacerse con mucha precaución, muy despacio. Asustamos a la vida; algo de la vida tiene miedo de nosotros y, si somos demasiado rápidos, si somos demasiado violentos, demasiado ávidos o demasiado crispados sobre una voluntad, la vida huye, se echa para atrás. La lentitud es sólo una bonita manera de servirla, de aproximarse a ella como quien se acerca con sumo cuidado a una leona o a una mariposa, porque sino se escapan.

(…)

Quisiera acabar con la confianza. Vuelves a menudo a la confianza en la vida, en tus libros. Es algo importante para ti. ¿Qué es la confianza en la vida?

He visto a alguien sonreír mientras me acercaba a ella, una amiga de hace mucho tiempo, de quien he escrito y que murió hace 20 años. Cuando iba a su encuentro veía su sonrisa y sólo de ver esa sonrisa, aunque sólo la hubiera visto por una vez, es como si lo hubiera visto todo de esta vida y me ha dado una confianza total ante lo que pudiera acontecer. Como el resto, la confianza me ha sido dada, no es algo que llevase conmigo. Se le puede dar la confianza a alguien; se le puede llevar a confiar en sí mismo. Imagino que no hay un don mayor que éste.

¿Cómo podrías calificar esta confianza?

Te hace amar la lluvia tanto como el sol que sale después. Comprendes que no hay enemigos, que incluso quizá no haya muerte. Comprendes lo incomprensible, pero no sé cómo formular esto. Mi terreno no es el de las ideas, pero esta confianza está siempre aquí, incluso cuando la pierdo no está muy lejos de mí. Cuando la pierdo sé que está en la habitación de al lado y que, tarde o temprano, la encontraré. La confianza es la madre de todas las raíces: si la tienes darás con todo el resto, si no la tienes corres un grave peligro. Podría expresarlo de esta manera: tener confianza en la vida (que es tan dura por otra parte) es tener la intuición de que no se dañará a lo más querido y a aquello que no conseguimos ni nombrar. Hay que comprender que en lo profundo no estamos en peligro. En lo profundo de la vida, que no es el mundo, no hay nada peligroso. Este es mi sentir. Puede variar y moverse pero nunca abandona su base y se refuerza cada día. Habría que ver si seguiría hablando así si me quitaran un brazo o los dos… [se ríe a carcajadas]. Te puedo decir que creo ( y digo: creo), que seguiría hablando en estos mismos términos.

Aparecen a menudo tres palabras en tus escritos: confianza, fe y silencio. ¿La confianza y la fe significan lo mismo?

En lo profundo, sí. Confianza sería la palabra laica, pagana, para decir fe. Es la palabra más discreta para decir fe.

Antonio Blay decía que la fe es la intuición del corazón. Esta definición se ha quedado conmigo.

Me gusta mucho esta definición, sí.

La conversación ha girado en torno al cuidado de la vida, a partir de esta atención, de esta observación. ¿Qué sería la vida par ti, en pocas palabras?

Es la flor más pobre de una pradera. Es la flor que menos resplandece en ese prado. Eso es la vida. ¿Te vale esta respuesta?

Gracias.

 

Fuente:  Núm. 3  Revista Dar Lugar

https://yolandeduran.com/

 

 

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