EL LIBRO, por Gustav Meyrink
Gracias a la amiga Alicia por enviarnos este texto.
Del mismo modo que un hombre no puede comprender el sentido de un libro si sólo lo sostiene en la mano y hojea sus páginas sin leerlas, tampoco el curso de su destino puede aportarle ningún provecho si no entiende el sentido. Ni siquiera sabe que, volverá a ser abierto una y otra vez hasta que por fin aprenda a leer. Y mientras que no haya aprendido, la vida será para él un juego sin valor, compuesto de alegría y sufrimiento. En cambio, cuando finalmente empiece a comprender su lenguaje vivo, su espíritu abrirá los ojos y comenzará a respirar y a leer.
El libro del destino de cada hombre está lleno de sentido en la raíz, pero sus letras bailan y se confunden para aquellos que no se toman la molestia de leerlas tranquilamente, una detrás de otra y tal como están colocadas.
Aquel que ya no presta atención al acto de hojear, al ir y venir de las páginas, y no se alegra ni llora con ellas y se esfuerza por comprender una palabra tras otra, como un lector atento, verá pronto abrirse para él un libro del destino más elevado.
Este es el único camino para escapar de la cárcel de la fatalidad. Los más pobres de la vida son los que han olvidado que existe una libertad fuera de la cárcel, como aquellas aves nacidas en una jaula, satisfechas ante el comedero lleno, que se han olvidado de volar.
Gustav Meyrink. El dominico blanco.




