EL ESPEJO DEL CORAZÓN por Rumi

EL ESPEJO DEL CORAZÓN 

Historia de la discusión entre los bizantinos y los chinos sobre el arte de pintar y de hacer retratos.

Los chinos decían: “Nosotros somos los mejores artistas”; los bizantinos decían: “Es a nosotros a quienes pertenecen el poder y la perfección”.

“Os pondré a prueba en este asunto», dijo el sultán, «y veré quién de vosotros dos tiene razón en esta pretensión”.

Los chinos y los bizantinos se pusieron a discutir. Los bizantinos abandonaron el debate.

Los chinos dijeron entonces: “Asignadnos una sala determinada, y que haya otra para vosotros también”.

Había dos habitaciones cuyas puertas estaban una frente a la otra; los chinos tomaron una, los bizantinos la otra.

Los chinos rogaron al rey que les diera cien colores; el rey abrió su tesoro a fin de que recibieran lo que deseaban.

Todas las mañanas, por su liberalidad, los chinos recibían de su tesoro los colores.

Los bizantinos declararon: “Ningún tinte ni color conviene a nuestro trabajo: no es necesario sino retirar la herrumbre”.

Cerraron la puerta y se pusieron a pulir: se volvieron claros y puros como el cielo.

Hay un “camino” entre el abigarramiento y la ausencia de colores, el color es semejante a las nubes, y la ausencia de colores a la luna.

Toda luz y esplendor que veas en las nubes, sabe que proviene de las estrellas, de la luna y del sol.

Cuando los chinos hubieron terminado su tarea, se pusieron a tocar el tambor de alegría.

El rey entró y vio las pinturas: esta visión, cuando la vio, le encantó.

A continuación fue hacia los bizantinos, que retiraron la cortina que les separaba.

El reflejo de las pinturas y obras de arte de los chinos vino a dar en estas paredes que habían sido purificadas de toda suciedad.

Todo lo que el sultán había visto (en la sala de los chinos) parecía más espléndido aquí: esto encantaba la mirada.

Los bizantinos, oh padre mío, son los sufíes: no tienen estudios, ni libros, ni erudición.

Pero han pulido sus pechos y los han purificado del deseo, la codicia, la avaricia y los odios.

Esta pureza del espejo es, sin ninguna duda, el corazón que recibe innumerables imágenes.

Este Moisés guarda en su seno la forma infinita sin forma de lo Invisible reflejada en el espejo de su corazón,

aunque esta forma no esté contenida en el Cielo, ni en el empíreo, ni en la esfera de las estrellas, ni en el globo que descansa sobre el Pez.

Pues todas estas cosas están limitadas y enumeradas –sabe que el espejo del corazón es sin límites.

Aquí, el entendimiento se vuelve silencioso, si no, induce al error; pues el corazón está con Dios, o, mejor dicho, el corazón es Él.

El reflejo de cada imagen brilla eternamente a partir del corazón, tanto en la pluralidad como fuera de ella.

Los que han pulido su corazón han escapado a los perfumes y a los colores: contemplan sin cesar la belleza a cada instante.

Han abandonado la forma y la corteza del conocimiento, han blandido la esencia y el océano del conocimiento místico…

Cuando las formas de los Ocho Paraísos han resplandecido, han encontrado las tablillas de sus corazones receptivas.

Del empíreo, de la esfera estrellada y del vacío, reciben cien impresiones: ¿qué impresiones? En verdad, es la visión misma de Dios.

 

Del libro “El canto del sol” Rûmî. José J. de Olañeta, Editor, 1998.

Comentarios Facebook
Share
EL ESPEJO DEL CORAZÓN por Rumi

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.