DOS POEMAS de Eugenio de Andrade
DE RAMA EN RAMA
No quieras transformar
en nostalgia
lo que fue exaltación,
en basura lo que fue cristal.
La vejez,
la primera señal
de enfermedad del alma,
a veces contamina el cuerpo.
Ningún pájaro
le permite a la muerte dominar
el azul de su canto.
Haz como ellos: danza de rama
en rama.
. . .
LA SAL DE LA LENGUA
Escucha, escucha; aún tengo
algo que decirte.
No es importante, lo sé, no va
a salvar el mundo, no cambiará
la vida de nadie –¿pero quién
es hoy capaz de salvar el mundo
o de cambiar tan sólo el sentido
de la vida de alguien?
Escúchame, no te entretengo.
Es poca cosa, como la llovizna
que llega lentamente.
Son tres, cuatro palabras, poco
más. Palabras que te quiero confiar.
Para que no se apague su lumbre,
su lumbre breve.
Palabras que he amado mucho,
que acaso ame todavía.
Ellas son la casa, la sal de la lengua.
Traducción de Ángel Campos Pámpano.
Del libro «Materia solar y otros libros». Galaxia Gutenberg.




