DOS FRAGMENTOS DEL POPOL VUH, EL LIBRO SAGRADO DE LOS MAYAS
«Pero todos los hombres se entendían, pues una misma fue su lengua, y aún no invocaban ni adoraban piedra alguna en los bosques. Sólo conservaban en la memoria el mandato de los Creadores y Formadores, de Corazón del Cielo y de Corazón de la Tierra, y esperaban con inquietud el nacimiento del Sol.
Elevaban sus ruegos a los Señores del Cielo, obedientes y respetuosos. Y cuando levantaban sus rostros hacia el Cielo y pedían hijos e hijas, decían: «¡Oh, Creadores y Formadores! Miradnos, oídnos, no nos olvidéis, no nos desamparéis, Corazón del Cielo, Corazón de la Tierra, dadnos nuestra descendencia para siempre, cuando amanezca. Ofrecednos muchos y buenos caminos, que sean anchos y planos, y una paz quieta, sosegada, esa tranquilidad que ansiamos, la buena vida, la amabilidad y la bondad. Esto es lo que os pedimos para cuando aclare, Huracán, Chipí Caculhá, (…), Xmucané, abuela del Sol y abuela de la claridad.
Así hablaban mientras miraban hacia arriba, esperando el nacimiento del Sol y contemplando el lucero de la mañana, una gran estrella que anunciaba la llegada del astro que habría de alumbrar todo el Cielo e iluminar el camino de los hombres en la Tierra».
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Allí pasaban sus días y sus noches, llorando y suplicando un poco de claridad para sus vidas y las de sus vasallos, así como el mantenimiento del reino. Levantaban sus rostros al Cielo, dirigían sus peticiones al dios y así sonaba el llanto de sus corazones:
«¡Oh tú, belleza de los días! ¡Tú, Huracán! ¡Tú, Corazón del Cielo! ¡Tú, Corazón de la Tierra! ¡Tú, fuente de nuestra riqueza y nuestra gloria, simiente de nuestras hijas e hijos! Vuelve hacia nosotros tu esplendor, ofrécenos la existencia y que se críen fuertes mis hijas y mis hijos, que se multipliquen los que han de sostenerte y que te invoquen en los caminos, en las veredas, en los ríos, en los barrancos, debajo de los árboles y de los bejucos, que no encuentren desgracia ni infortunio, que no sean nunca engañados, que no caigan desde el lado alto del camino, que no tropiecen, ni resbalen, ni se lastimen, ni encuentren obstáculos o peligros que los detengan, que no sean juzgados ni condenados en ningún consejo.
Llévalos por un camino bello, por una senda hermosa. Que no sufran mala suerte, ni desgracia mediada por la brujería. Que en tu presencia siempre sean buenas las acciones de aquellos que te sustentan, ¡oh tú, Corazón del Cielo, Corazón de la Tierra, Envoltorio de la Majestad! ¡Tú, Tohil, Avilix, Hacavitz, Vientre del Cielo y Cuatro Esquinas de la Tierra! Escúchanos y haz que mientras existan estas tribus sólo haya paz en tu presencia, tú, nuestro dios».
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Popol Vuh. El libro sagrado de los mayas. Traducción del quiché de Agustín Estrada Monroy.
Errata naturae, 2022.




