CARTAS A CLARA por Juan Rulfo

CARTAS A CLARA por Juan Rulfo

Dejo las dos primeras cartas de libro «Cartas a Clara» de Juan Rulfo, edición de Alberto Vidal. RM editores, 2024.

Es un hermoso libro de canto al amor donde ya se ve la magnífica prosa de Rulfo salpicada de fragmentos de gran lirismo. He disfrutado mucho este libro que contiene fotografías de Juan Rulfo, Clara Aparicio y sus hijos.

Carta I

Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas;
en las ramas que están junto a nosotros, se oye.
Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba.
Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua.

Clara: corazón, rosa, amor…
Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.
Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida.
Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida.

Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara.
No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba.
Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada.
¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?

He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada.
Lo han aprendido ya el árbol y la tarde…
y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río…

Clara:
Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.

Guadalajara. 10/44
juan rulfo

Carta II

Hoy que vine de ti, sostenido a tu sombra, he mirado la noche.
He mirado las nubes en la noche como lágrimas alrededor de la luna clara;
los árboles oscuros, las estrellas blancas.

Hoy he visto cómo por todas partes la noche era muy alta.
Y me detuve a mirarla como se detiene el que descansa.
Clara:
Hoy se murió el amor por un instante y creí que yo también agonizaba.
Fue a la hora en que diste con tus manos aquel golpe en la mitad de mi alma.

Y que dijiste: tres años, como si fuera tan larga la esperanza.

Hoy caminé despacio pensando en tus palabras.
Oyendo los ruidos del pájaro que duerme y los ruidos del ansia.
Del ansia que nos mancha la congoja de no poder ser omnipotentes para labrar una piedad dentro de otra alma.

Con todo, tres años no son nada. No son nada para los muertos, ni para los que han asesinado lo que aman.
Tres años son, Clara, como querer cortar con nuestras manos un hilito de agua.
Y en esperar que pasen los tres años, el tiempo nunca pasa.
Clara:
Hoy que vine de ti, sostenido a tu sombra, me puse a mirar mi soledad y la encontré más sola.

Guad. Oct. de 1944
juan rulfo

—-

Este fragmento de la Carta LVI:

A veces me dices tantas cosas en tan poquitas palabras, cuando yo necesito dos o tres hojas para decirte una sola cosa. Eso es lo que pasa.

Y este fragmento de la Carta LVII


Pero no soy bueno para decir las cosas, me faltan las palabras. Siento que hay algo sublime en el amor que hiciste nacer en mí; pero en mi diccionario no están las palabras para explicar eso. No las encuentro. A veces, cuando he estado cerca de ti y he intentado decirte qué es lo que siento, me han dado ganas de esconderme entre tus brazos y quedarme callado, quieto, sin decir nada, porque ésa es mi intención, explicarte de ese modo mi gran amor por ti, apretándome muy fuerte contra tu cuerpecito, como si yo tuera una cosa humilde y pequeña que me quisiera encerrar entre tus manos y no salir de allí nunca.

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