BROTAR DUELE por Karin Boye
Oración nocturna
No hay nada como este instante.
La última hora muda de la noche.
No hay pesar que nos abrase
ni voces que nos convoquen.
Ven, toma entre tus dedos
el día que se ha ido en un suspiro.
Sí, bien sé que tornas bueno
cuanto he hecho o he incumplido.
Males pienso, males hago.
Pero tú todo lo sanas y limpias.
Y mis días vas transformando
de grava en piedras finas.
Sé quien alza y quien sustenta,
yo solo puedo abandonarlo todo.
¡Tómame, guíame, haz que te quiera!
¡Sea de mí solo tu antojo!
***
Memoria
Serena quiero dar las gracias a mi sino:
nunca te pierdo del todo.
Como la perla crece en la concha,
dentro de mí
germina tu esencia de rocío dulcemente.
Si al final un día yo te olvidara…
entonces serás sangre de mi sangre,
entonces tú y yo seremos uno…
¡así lo quieran los dioses!
***
Claro que duele
Sí, claro que duele cuando se abren los capullos.
¿Por qué, si no, había de dudar la primavera?
¿Por qué se enredaría en la palidez amarga y gélida
toda esa ardiente añoranza nuestra?
El capullo fue el escudo en el invierno.
¿Qué es lo nuevo, que consume y quiebra?
Sí, claro que duele cuando se abre el capullo,
duele por lo que crece
y lo que cierra.
Sí, claro que es duro cuando caen las gotas.
Temblando de zozobra cuelgan densas,
se agarran a la rama, se hinchan, resbalan…
el peso las desploma por más que se aferran.
Duro es estar dudoso, asustado y escindido,
duro es sentir que el abismo atrae y llama a la vez,
y seguir pese a todo allí temblando…
duro es querer quedarse
y querer caer.
Entonces, cuando todo va mal y nada alivia,
se abren, diríase con júbilo, las rosas.
Entonces, cuando ya el miedo no atenaza,
con un destello caen de la rama las gotas,
olvidan que lo nuevo las aterraba,
olvidan que las inquietaba el trayecto…
sienten por un segundo la seguridad suprema,
descansan en la confianza
que crea el universo.
***
En movimiento
El día que nos saciamos, ese nunca es el más grande.
El día mejor es siempre un día de sed y de hambre.
Claro que nuestro viaje tiene propósito y sentido,
pero lo que de verdad vale la pena es el camino.
La mejor meta es la noche para poder descansar,
para encender el fuego y partir deprisa el pan.
En sitios donde tan solo una vez descansamos
es segura la quietud y el sueño, lleno de cantos.
¡Adelante, adelante! El nuevo día despunta.
Infinita es nuestra gran aventura.
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