EL MURMULLO DEL MUNDO por Tomás Sánchez Santiago

Jornada de tarde
Las gentes vuelven a sus oficios no bien han acabado de comer: el hortelano y su mujer aran el pequeño huerto con las dos mulas ciegas, el relojero sale de casa y camina muy deprisa, se oye el ruido de trapas en las calles, un hombre con un mono azul pasa fumando sin sostener el cigarrillo con la mano.
Solo yo permanezco contemplándolo todo, oyéndolo todo en silencio. Porque mi único oficio es esperar; mi único deber, mi secreta tarea pura y difícil: inconfesable.

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Los tempranos gorriones de la deshora, los perros sedientos, los colegiales insubordinados y el temblor del cielo duplicado en esas aguas inesperadas nos revelan de pronto para qué sirven los charcos.

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Tengo en ocasiones esa sensación melancólica y abstracta de que no puedo seguir al mundo.La inflación de noticias ya interesa más que sus propias repercusiones. Es una catarata imparable y caudalosa que apenas permite la morosa lucidez de un análisis entretenido. Es la dictadura de la actualidad (recuerdo aquel verso de Juan Ramón para afirmarse: «Sí, la inactualidad»). Si a ello sumamos el tiempo entregado al trabajo, a la casa, a los amigos…,entonces es muy fácil encontrarse uno de repente fuera de juego, de espaldas a lo que ocurre.Ahí es cuando opto por resistir a esa bulimia informativa. Y claudico. Me planto.

Nada me gustaría entonces tanto como poder escuchar a algunos de mis vecinos (ese viudo del segundo, soriásico y triste desde el fallecimiento de su mujer; ese trabajador del tercero a quien apenas saludo de mes en mes) y a los comerciantes de mi barrio. Una benéfica sensación de corporalidad me inunda si de pronto caigo en la cuenta de que saber más no implica necesariamente el tributo de estar informado puntualmente del ritmo del mundo, sino ese otro alcance corto, húmedo y cordial que da la cercanía de cuanto acompaña la aventura de los días de diario.

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LAS LLUVIAS

Primera tarde de lluvia en estas postrimerías del verano, cuando el candil de la luz empieza a brillar menos, como una moneda ya muy desgastada. Entonces nos echamos a las calles,oscurecidas de repente. Y da gusto ver el agua, esas pompas que los chubascos levantan en los charcos, el olor imperante y dulce del ozono en el aire, el vapor que sube del suelo a envolverlo todo como una lana húmeda.

Luego todo cesará —seguro— y en un par de horas la vida volverá a lo que era en estas jornadas. Pero, mientras, se agradece esta pausa, este deslizamiento taimado de las cosas, este golpeteo de astillas casi metálicas en los escaparates abandonados de los comercios, que ya encienden luces enfermizas de neón en el interior, donde los dependientes escuchan solos y confundidos el ruido de la lluvia en los cristales, casi la melodía misteriosa de una expulsión.

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Tomás Sánchez Santiago nació en Zamora en 1957. Sus últimos libros de poesía son El que desordena (2006) y Pérdida del ahí (2016). En prosa es autor de las novelas Calle Feria(2006) y Años de mayor cuantía (2018). En 2019 ha aparecido su escritura de diarios y anotaciones reunida en El murmullo del mundo. Es coautor, junto a la fotógrafa Encarna Mozas, de Interior Acuario (2016), y miembro del Seminario Permanente Claudio Rodríguez, con sede en Zamora.

Fuente: https://elcuadernodigital.com/2019/07/15/el-murmullo-del-mundo/

 

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