RECOGIDO EN EL AGUA por Félix Arce “momiji”

Félix Arce Araiz
Recogido en el agua
La Isla de Siltolá. Haiku. 2018


El amigo “momiji” (Félix Arce) es un haijin (escritor de haiku) del camino, peregrino del mar y de la montaña, cercano a la lluvia y al bosque. Su delgada figura es cuerpo de viento, “corazón de niño” y pájaro sobre el valle.
Nos conocimos hace tiempo, hemos hablado poco en persona, pero nos une la sintonía de esta vía del corazón.

En este libro se recoge una buena muestra de la obra de “momiji”, mediante una serie de haibun (prosa al estilo haiku) y una colección de haiku agrupados en varios temas relacionados con la naturaleza, como es propio de la estrofa japonesa.

Recorre el libro un aire de silencio, quietud, atención e inocencia que deja la mente en calma y el corazón en pleamar.   

Dejo por aquí algunos fragmentos de los haibun:

“Mi mente desbocada parece cabalgar en el viento de la tarde. Aquí estoy, con dos peces y cinco panes para dar de comer a la inmensidad de mi alma. Qué fútil tarea para mí solo.” (Susurros)

“Hay una belleza en todas las cosas, una belleza que ni siquiera es bella. Una belleza sin palabras, sin pensamiento, ajena a cualquier “belleza”, que lo impregna todo y hace que las cosas sean lo que son, que yo sea lo que soy. Aquí, ahora.”
(Susurros)

“Pienso en apuntar todo esto, en sacar fotos, ¿en atrapar? Qué podría yo atrapar, brizna de viento, con una pobres palabras…
(Luna en la montaña)

“Qué manera de ser yo mismo sin mí. Sumergido en este silencio de siglos he caminado a lo largo de mi vida una y otra vez. Y el viento, afuera, sin saber a dónde va, de dónde viene.

Y cuando todo, todo calla, oigo el sonido de mi propio corazón. Mi corazón de niño rozando con algo… algo que no sé lo que es, que es nada, sólo brillo.
Shonen no kokoro… corazón de niño… como a veces me llaman por aquí. Es gracioso. Basta olvidar para encontrar. Sin nombres. Sin darme cuenta he olvidado recordar los nombres de las cosas. Contemplar las cosas por primera vez siempre es asombroso. Estrenar los ojos en cada mirada, renovar la piel con todo lo que tocas. Este mundo nuevo hace nuevo mi corazón. Olvidarse, olvidarse… Soltar las manos, sin miedo, y dejarse llevar.”
(Kofuku-ji)

Y algunos haikus:

flores de noviembre…
recorriendo con los dedos
el nombre de mi madre


en lo alto de la duna,
sintiendo un cuerpo
zarandeado por el viento


sólo nieva,
contemplando la tierra
que se hace agua


surge en la niebla
y en ella se deshace,
el peregrino

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