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	<title>Cuentos &#8211; Blog de Gregorio Dávila de Tena</title>
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	<description>El corazón a la intemperie.</description>
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	<title>Cuentos &#8211; Blog de Gregorio Dávila de Tena</title>
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		<title>ARPONEANDO SUEÑOS por Ángel Olgoso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grego Davila]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Apr 2019 06:42:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
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		<category><![CDATA[Sabiduría]]></category>
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					<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2019/03/oleo-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" /></div>Al amigo Ángel Olgoso lo conocí en la entrega de premios de Baños de la Encina (Jaén) 2018, acompañando a su querida Marina Tapia, una de las ganadoras. Ángel es un magnífico escritor, maestro del cuento, la ficción y la &#8230;<p class="read-more"> <a class="more-link" href="https://grego.es/arponeando-suenos-por-angel-olgoso/"> <span class="screen-reader-text">ARPONEANDO SUEÑOS por Ángel Olgoso</span> Leer más →</a></p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="496" height="248" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2019/03/oleo.jpg" alt="" class="wp-image-9255" srcset="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2019/03/oleo.jpg 496w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2019/03/oleo-300x150.jpg 300w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2019/03/oleo-100x50.jpg 100w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2019/03/oleo-150x75.jpg 150w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2019/03/oleo-200x100.jpg 200w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2019/03/oleo-450x225.jpg 450w" sizes="(max-width: 496px) 100vw, 496px" /><figcaption>Obra al óleo de Jesús Conde</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Al amigo Ángel Olgoso lo conocí en la entrega de premios de Baños de la Encina (Jaén) 2018, acompañando a su querida Marina Tapia, una de las ganadoras. Ángel es un magnífico escritor, maestro del cuento, la ficción y la fantasía, como se puede comprobar en esta obra.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dame una moneda de cobre, viajero, y te contaré una historia de oro:<br>En el mes de Rajib, el mismo que habría de contemplar su primera cacería, un joven guerrero llamado Nyâmbu soñó que salía a cazar y se le escapaba su presa, un antílope de color azafranado y cuernos rotos.<br>Cuando despertó del sueño pidió consejo al anciano, quien le recordó que debía retornar a su sueño hasta encontrar y dar muerte al antílope o pasar hambre, de otro modo sería repudiado por la tribu. Después, el anciano espolvoreó sobre Nyâmbu la sal de la sabiduría y los granos de sésamo de la paciencia, y le colgó al cuello una pezuña de antílope, talismán que favorecería la caza.<br>Al dormirse esa noche, el joven guerrero encontró a su presa bebiendo en una charca. Pero el olor del cazador se enredó en la barba invisible del Viento y el antílope huyó velozmente. Nyâmbu lo persiguió en vano durante horas, de colina en colina y de bosque en bosque, hasta que no pudo con su lanza y se detuvo a descansar a la sombra de un grupo de palmeras. En aquel momento, con el escudo sobre su cabeza para protegerse de las serpientes que caían de los árboles, se despertó.<br>Durante el sueño de la noche siguiente, Nyâmbu quiso sorprender dormido al antílope y lo acechó antes de que el Sol tomara posesión del mundo con sus dedos de oro. El joven guerrero azotó el aire con un largo tallo para limpiar el espacio que debía hendir la lanza. Luego, apuntó conteniendo el aliento. El corazón le martilleaba en el pecho. Arrojó su arma con brío, pero la oscuridad y la distancia hicieron que apenas rozara la piel de la presa y se perdiera entre los matorrales. El antílope se irguió al instante, lo miró burlón y brincó en dirección a la sabana.<br>El hambre comenzó a picotear sin piedad a Nyâmbu que, tozudo, no perdía la esperanza de dar caza al antílope. Cuando sucumbió al sueño un día después, se ató los pies a una liana encaramado a las ramas de un ébano, y esperó a su presa colgando cabeza abajo, como esos avestruces de los que hablaba el anciano, que a veces se transforman en árboles mudando sus plumas en hojas. La sombra del guerrero, dos veces más grande que su cuerpo, se movió sobre la hierba y lo descubrió al antílope, que se mofó de nuevo de él huyendo con ágiles saltos.<br>Al recobrarse del sueño, Nyâmbu advirtió acongojado la pérdida de su talismán. Volvió a dormir y soñó que trenzaba una red con piel de ramazones y perseguía al antílope zarandeándola en el aire. Pero el animal corría tan deprisa como un torbellino de arena.<br>Y así, durante el resto de las noches, el espíritu del joven guerrero viajó del sueño a la vigilia mediante el hilo invisible que había atado a la muñeca del durmiente. Y así, una noche tras otra, sin lograr apoderarse de su presa, Nyâmbu iba desfalleciendo. Pudo aliviar el peso del hambre y el fuego de la sed cuando tuvo al alcance de su mano incontables animales, cuando descansó bajo una higuera, cuando un mendigo le ofreció agua de su odre hecho con estómago de gacela, cuando en lo alto de una duna los caravaneros le entregaron una medida de dátiles y de carne de cigarras, buena contra la sed. Pero Nyâmbu no quería traicionar la ley de su tribu. Hasta que buscara el corazón de su presa con la lanza, los perfumados ríos de agua, leche, vino y miel que fluyen hacia el lago celestial de la abundancia estaban proscritos para él, y guardados en una vasija cerrada con siete sellos en la choza del anciano.<br>La decimocuarta luna de Muharram, cuando los ojos de la Noche brillaban en las alturas, Nyâmbu soñó que sentía próximo su fin. El miedo a morir de hambre y de sed le hacía llorar lágrimas de polvo rojo. Y he aquí que, tendido bajo un sicomoro, la muerte ya le entornaba los párpados para llevárselo cuando el antílope se postró ante él. Siempre había alabado para sí el valor y la determinación del joven guerrero, y su infortunio no hacía más que avivar la compasión hacia el cazador moribundo. El antílope se tendió entonces grácilmente y se desventró con sus propios cuernos partidos. Nyâmbu, hambriento y sediento, no tenía elección. Apenado, devoró parte de las entrañas y bebió un poco de su sangre sin llegar a saciarse. Luego, el joven guerrero, débil aún, despellejó con esmero a su rival.<br>Al llegar la mañana despertó con la piel de color azafranado entre las manos. Tras mostrársela al anciano y narrarle la conmovedora acción de aquel antílope en su sueño, Nyâmbu confeccionó con ella una prenda que habría de cubrirlo, abrigarlo y acompañarlo hasta el final de su vida y en el territorio de las sombras. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuente y blog del autor:  <a target="_blank" href="https://angelolgoso.blogspot.com/2017/09/revista-de-soria.html">https://angelolgoso.blogspot.com/2017/09/revista-de-soria.html</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>TÚ ERES ESO, cuento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grego Davila]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Feb 2016 17:16:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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					<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2013/09/espejo-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" /></div>Cuando Svetaketu tuvo doce años se le mandó a un maestro con el que estudió hasta cumplir los veinticuatro. Después de aprender todos los Vedas, regresó al hogar lleno de presunción en la creencia de que poseía una educación consumada, &#8230;<p class="read-more"> <a class="more-link" href="https://grego.es/tu-eres-eso-cuento/"> <span class="screen-reader-text">TÚ ERES ESO, cuento</span> Leer más →</a></p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="attachment-266x266 size-266x266" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2013/09/espejo-640x428.jpg" sizes="auto, (max-width: 266px) 100vw, 266px" srcset="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2013/09/espejo-640x428.jpg 640w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2013/09/espejo.jpg 1024w" alt="espejo" width="266" height="178" /></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando Svetaketu tuvo doce años se le mandó a un maestro con el que estudió hasta cumplir los veinticuatro. Después de aprender todos los Vedas, regresó al hogar lleno de presunción en la creencia de que poseía una educación consumada, y era muy dado a la censura.<br />
Su padre le dijo:<br />
-Svetaketu, hijo mío,tú que estás tan orgulloso de tu ciencia y tan lleno de censuras, ¿has buscado el conocimiento por el cual oímos lo inaudible, y por el cual percibimos lo que no puede percibirse y sabemos lo que no puede saberse?<br />
-¿Cuál es este conocimiento, padre mío? –preguntó Svetaketu.<br />
Su padre respondió:<br />
-Al igual que conociendo un terrón de arcilla se conoce todo lo que está hecho de arcilla pues la diferencia está sólo en el nombre puesto que todo es arcilla, así, hijo mío, te hablo del conocimiento que una vez adquirido hace que lo sepamos todo.<br />
-Pero sin duda esos venerables maestros míos ignoran este conocimiento, puesto que si lo poseyeran me lo habrían comunicado. Dame pues,tú, padre mío, este conocimiento.<br />
-Así sea –contestó el padre. Y dijo-: Tráeme un fruto delárbol del nyagrodha.<br />
-Aquí está, padre.<br />
-Rómpelo.<br />
-Roto está, padre.<br />
-¿Qué ves ahí?<br />
-Unas simientes, padre, pequeñísimas.<br />
-Rompe una.<br />
-Rota está.<br />
-¿Qué ves ahí?<br />
-Nada.<br />
El padre dijo:<br />
-Hijo mío, en la esencia sutil que no percibes ahí, en esta esencia está el ser del enorme árbol del nyagrodha. En eso que es la sutil esencia, todo lo que existe tiene suyo. Eso es lo verdadero, eso es el Yo, y tú, Svetaketu, eres Eso.<br />
-Por favor, padre –dijo el hijo- dime más.<br />
-Así sea, hijo mío –respondió el padre y dijo-: Pon esta sal en agua y vuelve mañana por la mañana.<br />
El hijo cumplió lo mandado.<br />
A la mañana siguiente, el padre dijo:<br />
-Tráeme la sal que pusiste en el agua.<br />
Buscóla el hijo, pero no pudo encontrarla pues la sal se había disuelto.<br />
El padre dijo:<br />
-Prueba el agua de la superficie de la vasija. ¿Cómo es?<br />
-Salada.<br />
-Prueba la del medio. ¿Cómo es?<br />
-Salada.<br />
-Prueba del fondo. ¿Cómo es?<br />
-Salada<br />
El padre dijo:<br />
-Tira el agua y vuelve.<br />
Hízolo el hijo, pero la sal no se perdió, pues la sal existe para siempre. Entonces dijo el padre:<br />
-Así igualmente, en este cuerpo tuyo, hijo mío, no percibes lo verdadero; pero ahí está realmente. En eso, que es la esencia sutil todo lo que existe, tiene su yo. Eso es lo verdadero, eso es el Yo, y tú, Svetaketu, eres Eso.</p>
<p style="text-align: justify;">Fuente: <a target="_blank" href="http://periodicobuenasnoticias.blogspot.com.es/2013/05/tu-eres-eso.html">El Periódico de las Buenas noticias</a></p>
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		<title>NAGA, EL PEQUEÑO SABIO, por Manfred Sommer Resalt</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grego Davila]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Oct 2013 06:02:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Sabiduría]]></category>
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					<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2013/10/naga-9788424179113-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" /></div>Autor: Manfred Sommer Resalt. Editorial: EVEREST &#160; El pequeño Naga quería llegar a ser un samurai, un valiente guerrero. En su aldea vivía un famoso pintor y decidió pedirle consejo. &#8211; Maestro-le preguntó-, ¿qué debo hacer para ser un buen &#8230;<p class="read-more"> <a class="more-link" href="https://grego.es/naga-el-pequeno-sabio-por-manfred-sommer-resalt/"> <span class="screen-reader-text">NAGA, EL PEQUEÑO SABIO, por Manfred Sommer Resalt</span> Leer más →</a></p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-6476" alt="naga-9788424179113" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2013/10/naga-9788424179113-230x300.jpg" width="230" height="300" srcset="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2013/10/naga-9788424179113-230x300.jpg 230w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2013/10/naga-9788424179113.jpg 460w" sizes="auto, (max-width: 230px) 100vw, 230px" /></p>
<p>Autor: Manfred Sommer Resalt.</p>
<p>Editorial: EVEREST</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pequeño Naga quería llegar a ser un samurai, un valiente guerrero. En su aldea vivía un famoso pintor y decidió pedirle consejo.</p>
<p>&#8211; Maestro-le preguntó-, ¿qué debo hacer para ser un buen samurai?</p>
<p>El artista lo miró en silencio y respondió:</p>
<p>&#8211; Un buen samurai debe apreciar <strong>la belleza</strong>. No basta con saber pelear. ¡ Abre tus ojos a la belleza, joven Naga!</p>
<p>-¿Y dónde se encuentra la belleza, maestro?</p>
<p>-En todas partes, hijo mío, sólo hay que saber verla. Toma este pelo y guárdalo. Quizás te ayude.</p>
<p>Naga salió al campo y encontró un pequeño ratón.-¡ no huyas ratoncito! ¿Hay algo que pueda aprender de ti. ?</p>
<p>&#8211;<strong>La prudencia</strong> es mi mayor virtud –y arrancándose un pelo del bigote, le dijo que lo guardase.</p>
<p>El pequeño Naga caminó y caminó hasta encontrarse con una tortuga. A la tortuga le preguntó qué podía aprender de ella. Y arrancándose una escama, ésta le contestó que <strong>la paciencia</strong> era su mayor virtud.</p>
<p>Después fue a buscar al dragón al que le pidió <strong>su fuerza de voluntad</strong> y recibió el aliento de fuego.</p>
<p>Naga Volvió a encontrarse con la tortuga y la anciana le dijo, que sin <strong>la dignidad</strong> de nada le sirve todo lo demás. Le aconsejó que fuese en busca del águila que habitaba en las cumbres más altas. Cuando se encontró con el ave rapaz ésta le explicó que la dignidad <strong>es el orgullo sin soberbia</strong>.</p>
<p>&#8211; Yo vuelo más alto que nadie, sin embargo no desprecio al ratón que me sirve de alimento. Toma una pluma mía y guárdala.</p>
<p>Naga lo iba recogiendo todo. El siguiente animal que encontró fue un gato, quien le enseñó que <strong>la discreción</strong>, el saber estar en todas partes sin que parezca que estés, sin molestar, era su mejor virtud, y dándole un pelo de su bigote, se marchó. Después se encontró con un poderoso guerrero que le aconsejó que para ser un buen samurai debería <strong>vencer el miedo</strong> y dándole un pelo de su bigote para que lo ayudase, se marchó. Más adelante se encontró con un zorro del que aprendió <strong>la astucia</strong> y, al igual que los otros animales, le dio un pelo de su bigote para que lo guardara.</p>
<p>Naga continuó viajando y llamó su atención los chillidos de una bandada de monos de los cuales se llevó un pelo de la cola y se fijó en <strong>su agilidad</strong>.</p>
<p>Entonces oyó como el viento silbaba entre los bambúes, Naga reparó en su <strong>flexibilidad</strong>, recogió una hoja y la guardó.</p>
<p>Al cabo de un rato oyó un melodioso trino, vio un ruiseñor. De él aprendió a sentir <strong>la ternura</strong>, recogió una pluma y se marchó.</p>
<p>Llegó a un pueblo en el que habitaba el sabio Hideki San: Naga le pidió su consejo. El sabio quiso saber lo que llevaba en la bolsa. Naga le contó todo lo que había recogido en su largo viaje. El sabio le escuchó con mucha atención y le dijo:</p>
<p>-Muchos y buenos amigos has hecho en tu camino, pero te falta la virtud más importante: <strong>la humildad</strong>. El pequeño Naga preguntó dónde estaba la humildad y el gran sabio le respondió:</p>
<p>&#8211; La estás pisando. Coge una brizna de hierba y guárdala en tu bolsa. Nada hay más humilde que la hierba y, sin embargo, sin ella la vida no sería posible sobre la tierra.</p>
<p>El sabio le dio un consejo: <strong>sé generoso</strong> y no guardes todo ese tesoro para ti. Enséñales todas esas virtudes a tus semejantes, yo te enseñaré las letras, y cuando domines el arte de la escritura, podrás transmitir tus conocimientos a los demás. Entonces serás un escritor, un poeta, un maestro y te aseguro que harás de tu vida algo mucho más útil y hermoso que luchar simplemente por el emperador.</p>
<p>Y así lo hizo el joven Naga. Y con el tiempo llegó a ser un gran sabio, amado y respetado por todos.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p>Gracias a Mercedes Pérez &#8211; Kotori por pasarnos la información.</p>
<p>Fuente:  <a target="_blank" href="https://www.facebook.com/notes/mirta-lautaro-flia-gili/naga-el-peque%C3%B1o-sabio-autor-manfred-sommer-resalt-editorial-everest/10151734878755765">Facebook de Mirta Gili</a>.</p>
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		<title>LA LLAVE PERDIDA, por Alicia Martínez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grego Davila]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Nov 2012 07:01:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Esencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/11/pilgrim_with_donkey-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" /></div>«Toda noche se volverá claridad si retornas a tu corazón.» J.F. Moratiel Una versión diferente de como Alicia entró en el País de las Maravillas, contada por ella misma, cuando era ya mayor. Pista fundamental: “ Si una persona es &#8230;<p class="read-more"> <a class="more-link" href="https://grego.es/la-llave-perdida-por-alicia-martinez/"> <span class="screen-reader-text">LA LLAVE PERDIDA, por Alicia Martínez</span> Leer más →</a></p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-4098 alignnone" title="Pilgrim with Donkey" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/11/pilgrim_with_donkey-300x295.jpg" alt="" width="300" height="295" srcset="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/11/pilgrim_with_donkey-300x295.jpg 300w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/11/pilgrim_with_donkey.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;">«Toda noche se volverá claridad si retornas a tu corazón.» J.F. Moratiel</p>
</blockquote>
<p>Una versión diferente de como Alicia entró en el País de las Maravillas, contada por ella misma, cuando era ya mayor.</p>
<blockquote><p>Pista fundamental: “ Si una persona es capaz de sentir que de niño no fue nunca amado por lo que realmente era, sino por sus logros, sus éxitos y sus buenas cualidades, y sacrificó su infancia por ese “amor”, padecerá una profunda conmoción, pero algún día deseará poner fin a semejante amor. Descubrirá entonces, en sí mismo, la necesidad de vivir de acuerdo a su “verdadero yo” y ya no se sentirá forzado a conquistar un amor que en el fondo no puede satisfacerlo, puesto que está destinado a un “falso yo” al que ahora ha empezado a renunciar.” Alice Miller</p></blockquote>
<p>Me recuerdo siempre buscando una verdad. Algo me impulsaba a salir de donde estaba y buscar. Un búsqueda entre la insatisfacción y la pasión, entre la angustia y el entusiasmo. Buscaba transparencia, coherencia, pureza, huyendo de hipocresías, fingimientos y máscaras. Podría decirse que hacía todo lo posible por seguir una voz escondida en mi interior.</p>
<p>En los lugares a los que me conducía esa búsqueda, empecé a vislumbrar huellas que terminaban en ellos. Entre todas observé unas que se repetían y que llamaron mi atención. Decidí seguirlas, buscar su origen, el lugar del que procedían. Recorrí muchos caminos. Algunos me hicieron sentirme extranjera, otros me llevaron a oscuras cuevas, a cárceles habitadas por el desánimo, pero también visité la cima de las montañas , praderas sembradas de luz y océanos de paz.</p>
<p>Siempre tras esas huellas, tras la verdad que esperaba encontrar, tras la paz que creía que encontraría al final de mi búsqueda. Sin embargo, últimamente, el camino cada vez con más frecuencia, terminaba en mi misma, me conducía al abismo que vislumbraba en mi interior. No podía entender a donde quería llevarme esa verdad. Si intentaba salir de la soledad, el camino me confrontaba una y otra vez con ella. Si intentaba salir de la dependencia, cada vez me hacía más consciente de que estaba en mi. Esto comenzó a irritarme, a hacerme dudar de mi camino, a perder la esperanza de que las huellas se dirigiesen a la cumbre a la que yo quería escalar, porque suponía que sería en ella, donde se escondería la verdad.</p>
<p>Siempre “yo” el final del camino ¿Estará la verdad dentro de mi? No lo creía posible. Era demasiado insignificante esta meta. Pero, si estaba dentro, ¿porque me costaba tanto encontrarla entonces?¿Como seguir las huellas en ese interior? ¿Que hay ahí, en ese vacío? Soledad, miedo, desánimo, eran seguros habitantes de los abismos, eso ya lo había experimentado. Ante la insistencia de la vida, permanecí dentro, abrí puertas, derramé lágrimas, intenté confiar en que este era el lugar en el debía buscar.</p>
<p>Tras una de aquellas puertas interiores, había una niñita de 5 ó 6 años. Me sonrió amable, pero tristemente. No había alegría en sus ojos, sólo inocencia. Le pregunté que hacía allí sola y como se encontraba. Ella me contó que estaba buscando algo que había encerrado bajo llave , algo muy importante para ella, pero no recordaba donde lo escondió, y que hacía tiempo que también había perdido la llave. Sabía que era algo suyo, que había escondido para que no pudieran verlo, porque a sus padres no les gustaba. Desde que lo escondió eran más amables con ella, creía que la querían más, pero cuando estaba sola se sentía mal y por eso buscaba y buscaba.</p>
<p>Su historia me conmovió, también su mirada triste y esa sonrisa que parecía querer iluminar la sala, sin conseguirlo. Intuí que ese tesoro perdido era lo que no le permitía ser feliz y me propuse ayudarla a encontrarlo.</p>
<p>-¿Donde puede estar esa llave y que crees que puede abrir?-, le dije.<br />
&#8211; No sé-, me dijo la pequeña, -Pero hace tiempo que me fijé en esa puertecita. He mirado a veces por la rendija y quizás escondí allí lo que estoy buscando. La puerta es tan pequeña, que sólo yo podría atravesarla, y a lo mejor por eso lo escondí allí, al otro lado.-<br />
&#8211; Me parece muy buena idea-, le dije. -Vamos a pensar ahora donde puede estar la llave. A ver, ¿recuerdas cuando escondiste eso tan importante para ti?-</p>
<p>Ella se puso muy inquieta, no quería recordar, el dolor le impedía hacerlo. La tomé de las manos y la abracé fuerte contra mi pecho. Comenzó a llorar y pude sentir en mi su sentimiento de abandono, su dolor por no ser reconocida ni querida, tal como era. Ella siguió llorando y cuando se calmó, me dijo contenta -¡Ya recuerdo! Un día en que me riñeron mucho por haberme enfadado, decidí esconder la rabia que sentía.- Estaba muy nerviosa y me dijo a continuación -Y tú, ¿quien eres?¿por qué me haces tantas preguntas?¿qué quieres de mi?¿por qué no me dejas tranquila?-<br />
-Quiero que seas feliz-, le contesté.<br />
-¡Pero si desde que has llegado me siento mucho peor! ¡Vete, márchate!-, me dijo enfadada. Sus ojos, llenos de lágrimas, me hicieron amarla más aún. La abracé fuerte y le dije, -permítete experimentar lo que sientes, pequeña. No es bueno, ni malo, es lo que sientes ahora y no va a destruirte. Yo puedo quererte igual cuando te enfadas, o más aún.-</p>
<p>La niña se fue llorando a un rincón de la sala. Parecía saber muy bien a donde iba. Al cabo de un rato volvió. Sus ojos brillaban con una luz nueva y su sonrisa era diferente, más llena de vida. Traía en sus pequeñas manos, una llavecita dorada. -¡Estaba ahí!-, me dijo muy excitada.-Ese rincón es al que voy cuando me siento mal, y la escondí allí, en una arruga de la alfombra. ¡Lo recordé!-<br />
&#8211; Entonces, ¡Vamos, a que esperas!-, le dije, &#8211; ¡Abre esa puerta!-</p>
<p>Ella corrió hasta el lugar en que estaba la puerta secreta, no sin antes volverse para mirar y agradecerme, con su mejor sonrisa , lo que ella creía que era la ayuda que le había hecho encontrar lo que tanto buscaba.</p>
<p>Abrió la puerta, y desapareció tras ella. Entonces, sucedió algo extraordinario. Los muros de aquella sala comenzaron a desaparecer, a disolverse, como si nunca hubieran sido reales. A mi alrededor había ahora un hermoso jardín, con árboles enormes que daban una acogedora sombra, bancos de piedra, un manantial que brotaba de una gruta cubierta por el musgo y la vegetación, el brillo del agua sobre las piedras&#8230;No había estado nunca allí, pero ¡Me era todo tan familiar! Aquel lugar era reconocido por una parte de mi que desconocía. Sentí un profundo agradecimiento, una emoción que no sabía de donde procedía, y las lágrimas brotaban por si mismas. Sobrecogida, los velos de mi mente comenzaron a caer. Comprendí quien era aquella niña, y cómo, a través de su búsqueda, que era también la mía, había podido llegar hasta allí. Esa llave era la verdad que yo también buscaba y que no estaba en ninguna cumbre, sino en un lugar, humilde y escondido del corazón. Entendí, que las huellas que había seguido, era mis propias huellas, que yo misma era el destino que anhelaba encontrar. Ese Jardín en el que me encontraba era el lugar espacioso de mi propio corazón, y esa intensa emoción que me hizo derramar lágrimas, era el reconocimiento de estar en mi verdadero Hogar.</p>
<p>Escuché una risa a mi lado. Sentado en el banco, junto a mi, estaba mi maestro riéndose a carcajadas.<br />
-¿De que se ríe?-, le pregunté.<br />
–Me río de tu asombro por lo que acabas de entender. Era evidente que si seguías tus propias huellas, inevitablemente, te conducirían al lugar del que procedes.-<br />
-Pero, ¿qué hace usted aquí?-, le dije.<br />
&#8211; ¿No te dije que si me buscabas, lo hicieras en tu corazón? Pues ya ves que era cierto, aquí estoy.</p>
<p>Me reí entonces con él, y esa risa, ese espacio en el que me encontraba, estaba curando una herida muy profunda. Supe que era lo que la pequeña Alicia había escondido: su propia esencia. Supe que su sentimiento de soledad y abandono, lo que sentía en esa oscura sala en la que la encontré, era la pérdida de lo que realmente era. Todo era tan sencillo, tan simple &#8230;siempre tuvo el derecho, el privilegio de ser y sentir lo que era, pero había renunciado a él a cambio de lo que creía que era amor, pero el acceso al Amor sólo estaba tras esa puerta cerrada, tras ese encuentro íntimo que la condujo hasta la llave.</p>
<p>Me levanté y me despedí de mi maestro, con una sonrisa de agradecimiento. Quería compartir lo que había comprendido, que nunca debía dudar de que si seguía a mi corazón, este me conduciría, inevitablemente, a la verdad de lo que era, aunque el camino fuera incierto, oscuro, aunque incluso en algunos momentos no distinguiera ni el camino, ni siquiera alguien que lo recorriese, pero debía recordar que siempre había un Hogar que me esperaba, con el fuego del amor encendido para mi, para cada uno de nosotros.</p>
<p>Ese Hogar era la verdad que había buscado, la verdad de mi corazón. En él cabía todo, porque era espacio. Encontré allí a todos los amigos de los que me despedí a lo largo del camino. Ese espacio contenía el principio y el final. Reconocí mi búsqueda, el origen y el destino de esta parte de mi viaje, y supe que este no había hecho más que empezar. Esto no me desanimó, como otras veces, sino que me hizo reir.<br />
Reí al saber porqué me resultaba familiar ese Jardín.<br />
Reí porqué supe que nunca me había marchado de Él.<br />
Reí por el largo viaje de mi vida, para llegar&#8230;tan cerca.<br />
Reí al ver por allí a la pequeña Alicia corriendo apresurada tras su corazón (que en esta ocasión había utilizado un ingenioso disfraz para llamar su atención).<br />
Reí simplemente por que me sentí aligerada del peso de una carga que había transportado y que ya podía soltar.</p>
<p>Todo era gratitud en el atardecer de aquel Jardín y escuché unas palabras a lo lejos:<br />
“Ya mi corazón acoge toda forma: prado para gacelas, claustro para monjes, templo para los ídolos, Ka’aba para el peregrino, tablas de la ley, volumen de Alcorán. Amor es mi religión, a cualquier parte que se oriente*.” y supe a que se referían.</p>
<p>Alicia Martínez</p>
<p>* Ibn’Arabi</p>
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		<title>LAS CAMPANAS DEL CORAZÓN, por Anthony de Mello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grego Davila]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Jul 2012 07:04:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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					<description><![CDATA[<div style="float:right;margin:0 0 20px 20px;"><img width="150" height="150" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/06/bells-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/06/bells-150x150.jpg 150w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/06/bells-300x300.jpg 300w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/06/bells.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px" /></div>&#160; El templo había estado sobre una isla, dos millas mar adentro. Tenía un millar de campanas. Grandes y pequeñas campanas, labradas por los mejores artesanos del mundo. Cuando soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas las campanas del &#8230;<p class="read-more"> <a class="more-link" href="https://grego.es/las-campanas-del-corazon-por-anthony-de-mello/"> <span class="screen-reader-text">LAS CAMPANAS DEL CORAZÓN, por Anthony de Mello</span> Leer más →</a></p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-3553" title="Bells" alt="" src="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/06/bells-300x300.jpg" width="300" height="300" srcset="https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/06/bells-300x300.jpg 300w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/06/bells-150x150.jpg 150w, https://grego.es/wp/wp-content/uploads/2012/06/bells.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El templo había estado sobre una isla, dos millas mar adentro. Tenía un millar de campanas. Grandes y pequeñas campanas, labradas por los mejores artesanos del mundo. Cuando soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas las campanas del templo repicaban al unísono, produciendo una sinfonía que arrebataba a cuantos la escuchaban.</p>
<p>Pero, al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el mar y, con ella, el templo y sus campanas. Una antigua tradición afirmaba que las campanas seguían repicando sin cesar y que cualquiera que escuchara atentamente podría oírlas.</p>
<p>Movido por esta tradición, un joven recorrió miles de millas, decidido a escuchar aquellas campanas. Estuvo sentado durante días en la orilla, frente al lugar en el que en otro tiempo se había alzado el templo, y escuchó, y escuchó con toda atención. Pero lo único que oía era el ruido de las olas al romper contra la orilla. Hizo todos los esfuerzos posibles por alejar de sí el ruido de las olas, al objeto de poder oír las campanas. Pero todo fue en vano; el ruido del mar parecía inundar el universo.</p>
<p>Persistió en su empeño durante semanas. Cuando le invadió el desaliento, tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea, que hablaban con unción de la leyenda de las campanas del templo y de quienes las habían oído y certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas al escuchar aquellas palabras&#8230; para retornar al desaliento cuando, tras nuevas semanas de esfuerzo, no obtuvo ningún resultado. Por fin decidió desistir de su intento. Tal vez él no estaba destinado a ser uno de aquellos seres afortunados a quienes les era dado oír las campanas. O tal vez no fuera cierta la leyenda. Regresaría a su casa y reconocería su fracaso.</p>
<p>Era su último día en el lugar y decidió acudir una última vez a su observatorio, para decir adiós al mar, al cielo, al viento y a los cocoteros. Se tendió en la arena, contemplando el cielo y escuchando el sonido del mar. Aquel día no opuso resistencia a dicho sonido, sino que, por el contrario, se entregó a él y descubrió que el bramido de las olas era un sonido realmente dulce y agradable. Pronto quedó tan absorto en aquel sonido que apenas era consciente de sí mismo. Tan profundo era el silencio que se producía en su corazón&#8230;</p>
<p>¡Y en medio de aquel silencio lo oyó! El tañido de una campanilla, seguido por el de otra, y otra, y otra&#8230; Y en seguida todas y cada una de las mil campanas del templo repicaban en una gloriosa armonía, y su corazón se vio transportado de asombro y de alegría.</p>
<p>Tomado del libro «El Canto del Pájaro» Anthony de Mello</p>
<p>Fuente: <a target="_blank" href="http://chialjarafe.blogspot.com.es/2012/06/las-campanas-del-corazon.html">http://chialjarafe.blogspot.com.es/2012/06/las-campanas-del-corazon.html</a></p>
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