ARTE POÉTICA V por Sophia de Mello

 

En mi infancia, antes de saber leer, oí recitar y aprendí de memoria un antiguo poema tradicional portugués, llamado “Nau Catrineta”. Tuve así la suerte de comenzar por la tradición oral, la suerte de conocer el poema antes de conocer la literatura.

De hecho, yo era tan niña que no sabía que los poemas los escribían personas, más bien creía que eran consustanciales al universo, que eran la respiración de las cosas, el nombre de este mundo dicho por él mismo.

Pensaba también que, si lograba quedarme completamente inmóvil y muda en cierto lugares mágicos del jardín, lograría oír uno de esos poemas que en sí mismo el aire contenía.

En el fondo, toda mi vida he tratado de escribir ese poema inmanente. Y aquellos momentos de silencio en el fondo del jardín me enseñaron, mucho tiempo más tarde, que no hay poesía sin silencio, sin que se haya creado el vacío y la despersonalización.

Un día en Epidauro  —aprovechando el sosiego dejado por el horario del almuerzo de los turistas— me coloqué en el centro del teatro y dije en voz alta el comienzo de un poema. Y oí, al instante siguiente, allá en lo alto, mi propia voz, libre, separada de mí.

Tiempo después, escribí estos tres versos:

La voz sube las últimas gradas
Oigo la palabra alada impersonal
Que reconozco porque ya no es mía 

Leído en la Sorbona, París, Diciembre 1988, con ocasión del encuentro Les Belles Etrangères. (Recogido en Islas, 1989.)

Del libro “Nocturno mediodía”. Antología poética (1944-2001). Sophia de Mello Breyner Andresen. Traducción de Ángel Campos Pámpano. Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores. Barcelona, 2004.

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