BARRO INAUGURAL por Franklin Mieses Burgos

 
 
Gracias al amigo dominicano Rafael García Bidó he conocido a este buen poeta: Franklin Mieses Burgos, de la República Dominicana.
Me gustó mucho este poema suyo que nos remitió Rafa.  
 
 
BARRO INAUGURAL
 
I

Sólo una gran piedad pudo crear los mundos
eternos sin hastiarse.
Sólo una gran ternura pudo sembrar la vida
como se siembra un árbol:
la jubilosa voz de una semilla.

No pudo ningún otro posible sentimiento
alzar nuestro destino;
nuestra meta mayor ante la eternidad
absorta que nos mira,
desde sus hondos ojos
de solitaria estatua preferida.

Una gran campanada resquebrajó los altos
cristales de la noche.
Y chirriaron los goznes, los metales mohosos
de la casa vacía
donde cavaba él solo para enterrar el agua
sin rostro de su llanto,
de su íntima noche caída hasta la angustia.

Aún no transitaba por el cielo el relámpago
de pluma de los pájaros,
ni el viento, todavía, era un sepulcro abierto
para enterrar palabras;
voces precipitadas desde los rojos labios
donde el amor fabrica muriendo sus campanas.

Ignorado de sí —lo mismo que la nada—
clamaba por un nombre;
por una voz tan llena de sangre que lo hiciera.
A sus pies el silencio del orbe era un gran río
de soledad cayendo,
un mundo serafín de bronce arrodillado:

—Quiero un labio que esculpa
mi nombre sobre el aire.
Un eco que responda preciso a mis palabras.
No, no es posible que exista sin que me piense nadie.
Mi realidad se hastía de ser para mí sólo.
Sin otro que me sienta temblar
yo no sería…

Entonces fue la infancia desnuda de la luz:
su dulce nacimiento.

Entonces, su niñez,
anécdota de espejo.

Memoria de la lámpara de bruñida sonrisa
de vidrio adolescente,
de ángel verdadero que delata el relieve
más fino de las cosas.

Entonces fue su aliento un solo resplandor
de fuego bajo el agua,
en medio de la noche sin alba de los peces.

Ninguna fuerza pudo quebrar su pensamiento;
su soplo forjador crecido como un brazo
de luz en las tinieblas,
en el ojo vacío donde moldeaba el tiempo
su estatura de sombra,
la forma de su rostro perdido hasta la ausencia.

—-

Franklin Mieses Burgos (1907 – 1976)

Nació y murió en la ciudad de Santo Domingo; fue autor de una breve e intensa producción poética. Resalta por su exactitud a la técnica, su profundo lirismo y conceptos filosóficos de tinte existencial. Mieses Burgos fue uno de los iniciadores del movimiento literario en su país llamado “Poesía Sorprendida”. Se determina por el acendrado Surrealismo y por su posición antidictatorial contra el gobierno del dictador Rafael Trujillo. Otros poetas que formaron parte de este grupo fueron: Freddy Gastón Arce, Aída Cartagena y Gilberto Hernández Ortega.

Podemos citar, entre sus múltiples obras poéticas, cronológicamente, las siguientes: Torre de voces (1929 –1936), Trópico íntimo (1930 –1946), Propiedad del recuerdo (1940 – 1942), Clima de eternidad (1944), 12 sonetos y una canción a la rosa (1945 – 1947), Seis cantos para una sola muerte (1947 – 1948), El ángel destruido (1950 –1952) y Al oído de Dios (1954 – 1960). Aquí presentamos una breve antología con poemas entresacados de varios de estos libros.

 

Fuente: Rafael García Bidó y 
 
 
 
 
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