AMOR A LA VIDA por Félix Grande

“Pero la crítica no suele reparar en las necesidades últimas del lenguaje poético ni en las necesidades últimas del lector de poesía. Esas necesidades se resumen en una sola: darse mutuamente calor, ejercer ese mutuo consuelo que siempre agranda el amor a la vida y siempre prefigura la alegría de vivir. La “apacible subversión del amor” en una obra poética suele pasar inadvertida en las labores críticas. Tal vez porque se tiende a suponer que la subversión siempre es frenética y violenta, que el combate por la creación del ser es ante todo o exclusivamente un tumulto de actos, un fragor de disputas en donde el resultado haya de ser un triste páramo poblado por vencedores y vencidos. Pero el amor no tiene esa función. Ni aspira a efectuar en la persona otra esa horrible metamorfosis de transformarla en derrotado (sabe muy bien que al derrotar al otro alcanza su propia agonía) ni es derrotado a su vez nunca. La lucha del amor es la lucha por la abolición de todo aquello que enfrenta y que separa. Esto ocurre en la vida y esto ocurre también en el poema. (…)

(…) muy rara vez la crítica resume sus investigaciones diciendo sobre el hecho poético: Este texto le agrega amor al mundo. Este lenguaje está empujando la enorme puerta de la soledad. Este poco de pan o este poco de hambre – en el amor, el hambre puede alcanzar el rango de alimento- anda buscando el hambre que inquieta de dolor a los hombres. Este lenguaje es un caer en la cuenta del gran lenguaje humano que toda criatura lleva en lo más profundo de su pena: el hambre de fraternidad. Es cierto: la soledad del hombre es radical. Pero también es un hecho radical en el hombre el horror a su soledad. El lenguaje poético basamentado en el amor (¿y qué otra base podría sustentar el lenguaje poético, si el sucesivo amanecer del lenguaje es precisamente la necesidad de comunicación que consuela a esa soledad que desconsuela al hombre?), el lenguaje poético, digo, es adversario de ese horror de estar solo, de ese horror de vivir a oscuras. Toma la mano al hombre y lo acompaña por la oscuridad. Y la mano a que ayuda le da a su vez calor y ayuda. El lenguaje poético y el hombre se alumbran mutuamente y al hacerlo multiplican mutuamente su luz. (…)”

Del prólogo al tomo de Poesía completa de Luis Rosales (editorial Trotta, Madrid 1996) comentando el libro “El contenido del Corazón”.

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