¿POR QUÉ MEDITO?, por Marimar Hernández

The tree that refused to believe it was winter

El testimonio de la experiencia de meditación de una buena amiga: Marimar.

Creo que empecé en esto de la meditación sobre el año 97, con la MT (Meditación Trascendental).
Por aquel entonces, quería ser “buena”. Sentía que, a veces, había maldad, crueldad, odio…, en mí, por eso, cuando empecé a meditar, creía que, de algún modo, influiría en mi comportamiento haciéndome mejor.
Durante estos casi veinte años, he practicado de manera intermitente. A veces todos los días, otras solo una vez a la semana, otras ni siquiera una vez a la semana.
¿Por qué una actividad que no está muy arraigada en mí sigue teniendo un cierto atractivo, hasta el punto de que sigo volviendo a ella una y otra vez, para partir de cero?
En primer lugar la meditación no me ha hecho más “buena”. Sigo siendo, a veces mala, a veces, menos mala.
En segundo lugar, no he sentido efectos especiales, como los que he oído a algunas personas.
En tercer lugar, no espero llegar a ningún sitio con la meditación. No creo que haya grados, como en el inglés: básico, medio, superior…
En todos estos años, lo que he vivido en las sesiones de meditación ha dependido de mi momento vital, pero lo que sí es cierto es que, mientras medito, no hay nada más que el fluir de mi respiración y mis pensamientos y, en lugar de engancharme con ellos, los observo y los dejo pasar.
Es el único tiempo y lugar donde puedo hacer eso, hasta ahora.
Normalmente, mis pensamientos caóticos se apoderan de mi tiempo y mi vida y, mientras medito, no dejan de ser caóticos, pero no dominan mi vida porque: aparecen, duran un tiempo, y se van.Y solo en esos momentos soy consciente de ese proceso, de manera que mis pensamientos no son yo, y puedo, a veces por unos segundos, sentir que mis pensamientos no son lo único que existe, sino que puedo observarlos, aunque estén dentro de mí.
En líneas generales, la meditación pone un poco de orden en el caos. Sin tensión, sin presiones, las cosas toman su lugar y yo las observo.
La meditación no cambia el mundo, pero sí cambia mi mirada sobre el mundo.
No me quita la rabia, pero hace que vea que la rabia no soy yo.
No me da esperanza, porque solo existe mientras practico y es como la respiración, no se plantea el futuro.
No me consuela de los recuerdos del pasado, pero me hace llorar serenamente y ser consciente de que son solo recuerdos y veo como pasan.
No me hace mejor ni peor que el resto de la humanidad, pero me doy cuenta de que estoy aquí mientras practico.
La meditación es un lugar adonde siempre puedo volver en medio del caos, y plantarme allí quieta y observar sin que el caos me absorba.
Todo pasa, pero yo puedo observar cómo pasa sin alterar nada, o alterándolo todo, es igual.
No espero nada, me refugio en los seres despiertos y observo, no importa el tiempo. Y estoy contenta, o triste, o airada, pero no soy yo, son estados que pasan por mí, y eso, cuando me doy cuenta, es estupendo.
Por todo eso medito.

 

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Un comentario en “¿POR QUÉ MEDITO?, por Marimar Hernández
  1. Fer dice:

    Me ha encantado, después de tanto tiempo buscando, hay algo q encontrar? Solo ser…Solo estar

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