LIBERAR NUDOS, por Teresa Guardans

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“La vía del que va más allá de la conciencia de sí, no es la vía del arrepentimiento.
El lamento te liga a la conciencia de ti. Pasado y futuro son, los dos, un velo que te separa de Dios, ¡pégales fuego a los dos!
¿Por cuanto tiempo vas a permanecer lleno de nudos a causa de ellos? Mientras el ney conserva algún nudo no participa de los secretos, no es compañero de la voz y los labios.
Cuando la búsqueda es sincera estás absorto en la búsqueda. Si vuelves la vista hacia casa, estás todavía contigo mismo. Tu arrepentimiento es peor que tu pecado.
Tú, que te esfuerzas en arrepentirte de un estado ya pasado, ¿cuándo te vas a arrepentir de este arrepentimiento de hoy?” Rûmî (Mathnawî I, 2200-2208)

            La caña que va a transformarse en esa flauta llamada ney, se elige cuidadosamente, debe crecer bien recta hacia lo alto; se vacía al fuego, en un trabajo lento y cuidadoso. Cuanto más liso y limpio su interior, más bello el sonido del ney —se dice—. Por eso es el símbolo del sufí. Aferrarse a los recuerdos del pasado (a las raíces de la consistencia del sí mismo); o a las expectativas, deseos y proyectos de futuro, es lo que sitúa el eje de la visión y de la existencia en la egocentración: los nudos que impiden el gesto libre —predica Rûmî—. Mientras se mantenga un “yo”, hay alguien más que la realidad única: hay “alguien”. Y mientras haya “alguien” no se ha comprendido, todavía, en toda su profundidad, la afirmación nuclear del islam, lâ ilâha il-lâ Al·lâh, “Dios, no hay dios sino Él” (no hay más que Dios, no hay más Dios que Dios).

Fuente:  Teresa Guardans. La verdad del silencio: Por los caminos del asombro. Barcelona: Herder, 2009

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