EL FIN ES MI PRINCIPIO, por Tiziano Terzani

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Leyendo el libro “Está todo ahí – Mística cotidiana”, de Gisela Zuniga, me ha llamado la atención la figura del periodista y escritor italiano Tiziano Terzani.

Cuando le diagnosticaron un cáncer se fue a vivir en soledad al Himalaya, en un retiro que le marcó profundamente y le preparó para afrontar su último viaje: el de la muerte. Cuando supo que esta estaba ya cerca volvió a su pequeña casa en la Toscana junto a su mujer y sus hijos para morir en paz, para “dejar este cuerpo” como le gustaba decir a él. En aquellos últimos meses le dijo a su hijo Folco que quería hablar con él. Fueron unas conversaciones profundas e intensas entre un hombre viejo y sabio que sabe que se acerca su fin y uno joven e inquieto que quiere descubrir, que quiere entender. Fue el rencuentro entre un padre y uno hijo, un rencuentro para el que se quitaron todas las máscaras para hablar cara a cara de lo que es la vida, el mundo, la muerte… La grabación de aquellas conversaciones fue su último libro: “El fin es mi principio”, del que se ha hecho también una película.

Algunos párrafos interesantes:

“Uno comienza a ser corresponsal de guerra porque es joven, impetuoso e idealista…a los 63 años, a pesar de haber pasado treinta años informando sobre guerras, me he dado cuenta de que no, de que esta última guerra en Afganistán me ha revuelto… Toda la vida oyendo a esos ministros, presidentes y capitostes relativizando, justificando la barbarie… ¡Basta!. Tras 30 años en Asia he aprendido a pararme y respirar, a meditar. Es necesario detenerse y reflexionar, tomar conciencia del mundo que tenemos y del que queremos… Basamos todas nuestras decisiones en lo que nos es útil, en lo que nos conviene. Debemos reinventar la moralidad, los principios y la ética de nuestra vida cotidiana…. Por eso debemos fomentar el ayuno de consumo, de exceso, porque el consumismo nos consumirá. Hemos de controlar nuestros deseos y recuperar el silencio. La comunicación nace del silencio… En la vida hay un camino, y lo gracioso es que no te das cuenta hasta que se ha acabado… El futuro es una caja vacía en la que metes todas tus ilusiones, y el pasado solo es memoria, una caja cerrada en la que has metido lo que te gusta y de la que has sacado lo que no quieres…

He visto muchas revoluciones. He pasado treinta años viviéndolas y estudiándolas, pero no he visto que ninguna triunfase, que realmente cambiase la sociedad haciéndola más libre y más justa. Por eso, cumplidos ya los sesenta, creo que la única revolución que cambiará el mundo no será como las que hemos visto, venidas de fuera, sino que surgirá de dentro de nosotros mismos, de lo más hondo de nuestro corazón…

Lo bello de envejecer es que en la vida tienes la sensación de que todo ocurre por un hilo que da sentido a tu vida. En las guerras siempre he ido a hablar con el otro. En la guerra del Vietnam con el Vietcong, en la de Sri Lanka con los tamiles, en la de Afganistán con Al Qaeda… Hay que remplazar la lógica de la competitividad por la ética de la coexistencia. Nadie tiene el monopolio de nada. La idea de una civilización superior a otra es solo fruto de la ignorancia. La armonía, como la belleza, está en el equilibrio de los opuestos, y la idea de eliminar a uno de ellos es sencillamente sacrílega. El bellísimo signo taoísta, el yin y el yang, simboliza que en el interior de las tinieblas hay un punto de luz y en el interior de la luz un punto de tiniebla…

Vivo en India, un país pobre pero que aún tiene (y quizá sea el último en el mundo) una fuerte y profunda cultura de corte espiritual capaz de resistir la oleada materialista de la globalización que uniforma cualquier identidad y genera por doquier un sofocante conformismo. Un país como India nos recuerda que, aún más importante que una coalición contra el terrorismo, el mundo necesita una coalición contra la pobreza, una coalición contra la explotación, contra la intolerancia…Solo en India aún hoy millones y millones de hombres y mujeres, después de una existencia normal como padres o madres, empleados o profesionales, renuncian a todo aquello que es de esta vida (posesiones, afectos, deseos, su propio nombre…) para convertirse en sanyasin, renunciatarios, y, vestidos de anaranjado, a la edad en la que nosotros nos jubilamos, se ponen en peregrinación y, de templo en templo, de ashram en ashram, van por el país viviendo de limosna. Mientras esto suceda y la población siga alimentando y respetando a los sanyasin, India representará una alternativa existencial y filosófica al materialismo que hay en el resto del mundo. Por eso India sigue siendo, en el fondo, un frente de resistencia contra la globalización y en defensa de la diversidad. Con su sola existencia India nos recuerda a nosotros, los occidentales, que no todo el mundo desea lo que nosotros deseamos, que no todo el mundo quiere ser como nosotros somos… Me gusta estar en un cuerpo que envejece. Puedo mirar las montañas sin el deseo de escalarlas. Cuando era joven habría querido conquistarlas; ahora puedo dejarme conquistar por ellas. Las montañas, como el mar, recuerdan una grandeza por la cual el hombre se siente inspirado, elevado. Esa misma grandeza está también en cada uno de nosotros, pero allí nos es difícil reconocerla. Por eso nos atraen las montañas. Por eso, a través de los siglos, tantísimos hombres y mujeres han venido aquí arriba, al Himalaya, esperando encontrar en estas alturas las respuestas que se les escapaban permaneciendo en las llanuras. Siguen viniendo… Aquí la existencia es sencillísima. A veces me pregunto si el sentimiento de frustración, de impotencia que muchos, en especial entre los jóvenes, tienen ante el mundo moderno se debe al hecho de que éste les parece tan complicado, tan difícil de entender que la única reacción posible es creerlo un mundo ajeno: un mundo en el que no se puede poner las manos, un mundo que no se puede cambiar. Pero no es así: el mundo es de todos. Cada uno de nosotros puede hacer algo. Todos juntos podemos hacer miles de cosas. Es el momento de salir al descubierto, es el momento de comprometerse con los valores en los que uno cree. Hagamos más aquello que es justo, en vez de lo que nos conviene. Eduquemos a nuestros hijos para ser honestos, no astutos…

¡Qué gran descubrimiento! He sido mil cosas, algunas verdaderas, otras solo imaginadas ¿Cuántos roles desempeñamos en la vida, cuántas máscaras llevas? Hasta que llega un día en que te deshaces de todas, y te sientes ligero: ya no soy este cuerpo ni el resultado de todos mis recuerdos. Como ya no soy nada en particular puedo pensar que soy Todo… La verdad es una tierra sin caminos, ahora puedo entenderlo… Cuando has percibido que formas parte del Todo ya no necesitas nada más… Ese es el principio.”

Fuente y artículo completo

 

 

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Un comentario en “EL FIN ES MI PRINCIPIO, por Tiziano Terzani
  1. teresa v.p. dice:

    Me gustaria algun
    Dia.de verdad ha
    Blar contigo.

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