AMAR NOS LIBERA, por Hugo Mujica

Scars of Heart

Quizás haya un sólo miedo:
el miedo a no ser acogidos,
a no ser aceptados y, a la vez,
el miedo de no llegar a ser parte
de algo más vasto que el propio y estrecho yo;
de no tener dónde latir más que en el propio
y estrecho corazón.

Quizás haya una única soledad,
que no es la de estar solos,
sino la de estar frente a los otros reflejados
pero no entregados,
entre todos pero para nadie.

Quizás por eso haya un solo infierno:
el de no abrirse, el de no salir de sí,
el de no cobijar al otro.

El infierno del encierro en la cárcel la seguridad,
de la repetición,
el infierno de una eternidad reflejada
en nada más que uno mismo;
el infierno de quien no llegó a amar,
quien no fue más alla de sí.

Cuando el evangelio nos llama a amar,
cuando el amor de Dios nos llama,
no nos dice que no seremos rechazados;
no nos asegura que no seremos golpeados,
lastimados,
no nos asegura que no seremos sacrificados.
Dios nos promete, eso sí, que seremos liberados,
que seremos salvados.

Dios nos asegura, eso sí,
que nuestra vida será fecunda,
aún incomprendidos o rechazados,
aún abusados.

Una vida que ama tiene más sentido que una vida protegida,
que una vida asegurada,
que una vida sin su cruz por los demás.

Nos promete, eso sí, que aún rechazados o golpeados,
nadie nos podrá quitar el haber amado,
el haber experimentado la indescriptible libertad de salir de nosotros mismos,
el haber comenzado a experimentar que resurrección
es el nombre del amor cuando uno ya murió a su ilusorio yo.

Cuando Dios nos llama a amar, nos llama a trascender,
nos está regalando espacio,
libertad, altura y anchura…

Nos está despertando del miedo que realiza lo que todo miedo realiza:
la división entre lo mío y lo del otro,
entre el yo y los demás.

El miedo, o el odio, es eso: la división, el encierro.
El amor, o Dios, es lo otro:
la reunión, la entrega,
la fertilidad, la creación.

Quizá el amor no sea sino la abolición de esa ilusoria y perversa división;
quizás el amor no sea sino despertar a la comunión,
a la realización que entre yo y el otro nunca hubo separación:
hubo miedo, el mío y también el de los demás;
el miedo que aferra lo único que puede aferrar:
el propio yo.

La propia ilusión de ser sin haber llegado a ser la trascendencia de sí mismo,
de haber sido más allá de sí,
de haber sido en y para los otros.

El paradójico miedo a lo que más deseamos:
cuidar y ser cuidados,
tener para y hacia quién vivir. Pertenecer.

Cuando Dios nos llama a amar nos está llamando a la fecundidad;
nos está liberando de una vida estéril,
una vida que tiene apenas la propia historia como destino,
apenas el propio yo como único cuidado,
La propia y equivocada santidad como único interés.

Nadie, nadie puede saber con certeza si ama o no ama,
si nos estamos dando a los demás o buscándonos en ellos.
Pero esa inseguridad, ese no poder calcular,
es lo que se llama amor,
cuando el amor es olvido de sí,
cuando el otro es el otro y no lo que me pueda dar,
cuando el vaso de agua se lo doy al otro
sin ponerlo en la cuenta de mi búsqueda de santidad,
en la mezquina cuenta de mis “actos de caridad”,
en la contabilidad de la limosna que dí para que me la devuelva Dios,
para sentirme bien yo.

Quizás en el juicio final,
el final de este juicio que es la vida,
se nos pregunte, se nos mida,
por si hemos o no realizado la comunión humana,
la comunión cuya posibilidad se llama gracia,
cuya realización se llama amor
y cuyo cumplimiento final se llama y entiende resurrección.

Hugo Mujica estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Tiene publicados más de veinte libros y numerosas antologías personales editadas en quince países; alguno de sus libros han sido publicados en inglés, francés, italiano, griego, portugués, búlgaro y esloveno.

www.hugomujica.com.ar

Fuente: www.viviragradecidos.org

 

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2 Comentarios en “AMAR NOS LIBERA, por Hugo Mujica
  1. teresa v.p. dice:

    Me gusta mucho lo
    Que haceis.me estais ayudando mucho

  2. teresa v.p. dice:

    Me gustaria mucho
    Conocerte.

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