TODAS LAS COSAS SE AMAN, por Ernesto Cardenal

 

Todas las cosas se aman. La naturaleza toda tiende hacia un tú. Todos los seres vivos están en comunión unos con otros. El fenómeno del mimetismo hermana a todas las plantas y animales y cosas: hay insectos que imitan a las flores y flores que imitan insectos, animales que imitan el agua o las rocas o la arena del desierto o la nieve o los bosques o a los otros animales. Y todos los seres vivos se aman o se comen unos a otros y todos están unidos unos a otros en ese vasto proceso del nacimiento y del crecimiento y de la reproducción y de la muerte. En la naturaleza todo es mutación y transformación y cambio de unas cosas en otras, y todo es abrazo, caricia y beso. Y lo mismo que las leyes que rigen a todos los seres vivos, las leyes que rigen a la naturaleza inerte (que también está viva, con una vida imperceptible para nosotros) son también una misma ley de amor. Todos los fenómenos físicos son un mismo fenómeno de amor.

Lo mismo la condensación de un copo de nieve que la explosión de una nova, el escarabajo abrazado a su bola de estiércol y el amante abrazado a su amada: todo en la naturaleza es un querer rebasar los propios límites, traspasar las barreras de la individualidad, encontrar un tú a quien entregarse, transformarse en otro. Las leyes de la termodinámica y de la electrodinámica y de la propagación de la luz y de la gravitación universal son todas una misma ley de amor, y en la naturaleza todo está incompleto y todo es entrega y abrazo, y los seres son en la intimidad de su esencia y en el más profundo misterio de su existir: hambre y sed de amor.

Las cosas están relacionadas unas con otras y unas están comprendidas en otras y estas otras en otras, de modo que todo el universo es una sola cosa vasta.

La naturaleza toda se toca y se entrelaza entre sí. Toda la naturaleza se abraza. El viento que me acaricia y el sol que me besa y el aire que respiro y el pez que nada en el agua y la estrella lejana y yo que la miro: todos estamos en contacto. Lo que llamamos los vacíos espacios interestelares están formados de la materia que forma los astros, aunque tenue y rarificada, y los astros no son sino una concentración mayor de esa materia interestelar y todo el universo es como una inmensa estrella y todos participarnos en este universo de un mismo ritmo: el ritmo de la gravitación universal, que es la fuerza de cohesión de la materia caótica y la que une a las moléculas y hace que unas partículas de materia se reúnan en un punto determinado del universo y que las estrellas sean estrellas, y éste es el ritmo del amor.

Todos estamos en contacto, y todos estamos incompletos. Y esta naturaleza que está incompleta está tendiendo siempre a lo más perfecto. Esta tendencia es la evolución. Y lo más perfecto de la naturaleza es el hombre. Pero el hombre también está incompleto, y también es imperfecto, y también tiende a otro: tiende a Dios. Y cuando el hombre ama a Dios, lo ama con las ansias de la naturaleza entera, con el gemido de todas las criaturas, con el inmenso y milenario anhelo de todo el proceso de la evolución. Toda la creación gime con nosotros, como dice san Pablo, con dolores de parto: y son los dolores de este inmenso proceso de la evolución.

Cuando los monjes cantan en coro están cantando en nombre de la creación entera, porque también todo en la naturaleza, desde el electrón hasta el hombre, es un solo salmo. Y nosotros no podemos descansar hasta hallar a Dios. Sólo entonces se aquietará en nuestro corazón la gran angustia cósmica, se aquietará este inmenso amor que oprime el pequeño corazón del hombre con toda la fuerza de la gravitación universal: hasta que nosotros encontremos este Tú al que tienden todas las criaturas.

Y todas las cosas nos hablan de Dios, porque todas las cosas suspiran por Dios: el cielo estrellado lo mismo que las cigarras, las inmensas galaxias y, la ardilla listada que juega todo el día con todo lo que la rodea y teme a todo lo que la rodea y se esconde de todo (y todo cuanto hace es un movimiento inconsciente hacia Dios).

Hacia Él se mueven todos los astros y la expansión del universo es hacia Él, hacia Él de donde han salido todos los astros y de donde salió el primer gas original, y sólo en Él descansará el universo.

 

Del libro “Vida en el amor”

ERNESTO CARDENAL

Ernesto Cardenal escribió este libro siendo monje cisterciense en la Abadía de Gethsemani, con Thomas Merton como maestro de novicios.

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