CORAZÓN AL ACECHO Y ALMA EN VILO. Poemas de Amable Sánchez Torres

sanchezlarosa

A través de la web del Centro para el Estudio de las Tradiciones Religiosas (www.cetr.net) he descubierto a este poeta, Amable Sánchez Torres, natural de Salamanca (España) y residente en Ciudad de Guatemala. Me han gustado estos poemas que rezuman silencio.

Si solo tengo el aire,
¿qué les voy a dejar
a los demás?

Si solo tengo el sueño
de volar,
¿qué les voy a dejar?

¿Qué les voy a dejar,
si después de tanto
remar
no tengo más que un remo y el mar?

A los demás
les hubiera dejado
un granito de sal,
una gota de lluvia…
Pero después de tanto inventariar
–o acaso es inventar?–
solo puedo dejarles
mi forma de callar.

¿Qué les puedo dejar?
Si ya ni el aire tengo…
ni el sueño…
ni la sal…
ni la gota de lluvia…

El remo no se lo puedo dejar
a nadie,
ni tampoco el mar.
Que esos los necesito
Para –¿dije morir?–
Remar.

(Como al pasto el rocío. Esa vaga tristeza sosegada, 14)

 

Oración de quien
no sabe decir otra cosa

Que tu Palabra sea mi palabra,
Señora de Silencios. Que yo hable
solo si tu Palabra es mi palabra,
y que me llene todo de silencio
como cumbre remota y soleada
en que Dios esté a gusto.
Que tu Palabra sea la palabra
con que Dios hable en mí cuando yo calle,
pero que calle siempre y que me quede
como los niños semiadormecidos
cuando Dios hable en mí. Que no balbuzca,
que no interrumpa a Dios,
que solo escuche.
Que tu palabra y tu Silencio sean
el hontanar en que mi voz se abreve,
en que mi voz se bañe cada día.
Que cuando muera sea tu Palabra
el último refugio de mis labios
y que el ángel Gabriel me ponga en ellos,
como brasa o albor, su dedo índice.
Que así me encuentre Dios cuando me llame

14 de junio de 1988
(Como al pasto el rocío. Señora de silencios, 1987-1988, 12)

 

Fuente y artículo completo: www.cetr.net

https://vimeo.com/84998683

 

 

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Comentarios

Un comentario en “CORAZÓN AL ACECHO Y ALMA EN VILO. Poemas de Amable Sánchez Torres
  1. begoña Abad dice:

    SILENCIO

    Nada me gusta más
    que escucharte
    cuando no dices nada
    inclinas la cabeza
    y sin embargo me hablas
    y entiendo cada pausa
    de tu respiración.
    A veces, alzas el silencio
    entre las manos
    como una consagración del pan
    y me lo ofreces,
    más cargado que nunca
    de palabras.
    Y esperas mi respuesta
    cernida entre dos soles,
    uno de amanecida
    otro de ocaso
    y es toda una vida
    lo que sucede
    mientras tú callas
    y yo escucho tu silencio.