UNA CONFIANZA INDESTRUCTIBLE, por Enrique Martínez Lozano

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La turbación o la angustia aparecen –con mayor o menor intensidad- cada vez que unimos nuestra suerte a “lo que ocurre”, siempre que eso “que ocurre” no coincide con nuestros deseos o expectativas.

“Lo que sucede” reviste una doble característica: por un lado, escapa a nuestra voluntad; por otro, es siempre impermanente. Al identificarnos con ello, nos convertimos en marionetas de los acontecimientos, nuestro estado de ánimo se escapa de nuestras manos y sobrevivimos fluctuando en altibajos.

La salida no puede pasar nunca por el imposible control de lo que ocurre, sino por situarnos en “otro lugar”, en la consciencia de lo que sucede. Lo que ocurre es impermanente; la consciencia permanece siempre: los altibajos son sustituidos por la ecuanimidad.

La sabiduría consiste, pues, en hacer el “paso” de lo que ocurre a la consciencia de lo que ocurre. Y nos adiestramos en ello cada vez que, ante cualquier sensación, sentimiento, emoción, estado de ánimo, circunstancia, acontecimiento…, nos hacemos conscientes de lo que estamos sintiendo o de lo que está acaeciendo. Al hacerme consciente, tomo distancia –crezco en libertad- y me conecto un poco más lúcidamente con mi verdadera identidad: no soy nada de lo que pueda ocurrir, pensar o sentir, sino la consciencia en la que todo aquello aparece.

La consciencia no se inquieta, no sufre, no se altera; tampoco muere, porque nunca nació. Permite que todo sea. Es sabiduría que conduce todo el proceso. Alinearse con ella significa anclarse en nuestra verdadera identidad y fluir con la corriente de la Vida.

Fuente y artículo completo: 2 de noviembre. Conmemoración de todos los difuntos | Enrique Martínez Lozano.

Foto:  Grego.es

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