MIRARNOS TAL Y COMO SOMOS, por Charlotte Joko Beck

A Pink Umbrella Morning

(…)

Un aspecto importante de nuestra práctica consiste en mirar con honestidad a este proceso constante de esperanzas, miedos y proyectos que reflejan la falta de compromiso con nuestra vida. Para ello es imprescindible que cerremos la puerta que tanto nos gusta mantener abierta, que demos media vuelta y que nos dispongamos a mirarnos tal y como somos. Eso es el compromiso, sin el cual no hay libertad alguna.

Mediante la práctica vamos agotando nuestras fantasías de salir huyendo por la puerta en busca de otra cosa en algún otro lugar. Casi todos nuestros esfuerzos van dirigidos a mantener y proteger la estructura del ego, una estructura creada a partir de la perspectiva errónea de que existe un “yo” separado del resto de la vida. Hemos de tomar conciencia de tal estructura -aunque sea artificial, no nuestra verdadera naturaleza- y ver cómo funciona, porque, a menos que la comprendamos, continuaremos actuando a partir del miedo y la arrogancia. Entiendo por arrogancia la sensación de creerse alguien especial, de no ser uno más. Podemos sentirnos arrogantes respecto a cualquier cosa: nuestros logros, nuestros problemas, incluso nuestra “humildad”. A partir del miedo y la arrogancia nos aferramos a todo tipo de actitudes y enjuiciamientos egocéntricos y provocamos de esta manera todo tipo de infortunios para nosotros y para los demás.

La libertad está estrechamente vinculada a nuestra forma de relacionarnos con el dolor y el sufrimiento. Me gustaría establecer una distinción entre el dolor y el sufrimiento. El dolor proviene de la experiencia de la vida tal cual es, sin excluir nada. Incluso podríamos denominar dicha a esa experiencia directa. Pero cuando intentamos echar a correr y escapar de nuestra experiencia de dolor, sufrimos. La libertad supone asumir el riesgo de ser vulnerables a la vida; es la experiencia de lo que quiera que acontezca en cada momento, sea doloroso o agradable. Semejante disposición requiere un compromiso absoluto con nuestra vida. Cuando somos capaces de entregarnos por completo, sin guardarnos nada y sin pretensiones de huir de la experiencia del momento presente, no hay sufrimiento. Cuando experimentamos nuestro dolor totalmente, hay dicha.

Charlotte Joko Beck.

Zen día a día: el comienzo, la práctica y la vida diaria. Gaia Ediciones. 2012. pg. 297-298

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