CONOCER CON LOS OJOS DEL CORAZÓN, por Gisela Zuniga

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La tarea más importante de nuestra vida es curar nuestros ojos del corazón, que están enfermos, los ojos con los que puedes tú ver la Verdad, ver a Dios. AUGUSTINUS

Tenemos la capacidad de ver claramente la Verdad, el SER, que en el fondo somos. Este conocer va más allá del entendimiento racional. De lo que se trata es de “conocer con los ojos del corazón”.

Pero lo cierto es que estamos bastante “ciegos”, tenemos nuestros ojos cerrados, estamos dormidos. Nuestro estado habitual es la ignorancia. Y salir de la ignorancia es como salir de un sueño, despertar a la auténtica Realidad. A partir de ese despertar es cuando estamos vivos, porque antes sólo estábamos vegetando. Y el hecho es que muchos mueren sin haber vivido nunca.

El hombre moderno corre, hiperactivo, a lo largo de su vida. Se ha perdido a si mismo, ha perdido su “rostro original”, ha perdido lo que él es esencialmente. Vive en las afueras. No está en su casa. El corazón humano parece, entonces, como un desierto seco por donde corre buscando el agua que no se encuentra. Pero resulta que el agua estaba allí mismo, escondida en el fondo de nuestra profundidad. Es preciso perforar. Perforar hasta que surja el agua, que convierte el desierto en un oasis en flor. Nuestro camino espiritual consiste en perforar hacia la mayor profundidad posible.

(…) La diversión se extingue rápidamente, y nos quedamos insatisfechos, siendo entonces cuando surgen las preguntas; y la pregunta por la Realidad Primera es la que ha estado presente en toda la historia de la humanidad.
Muchos intuyen que existe una respuesta a esta pregunta, que hay un lugar en el que me encuentro como en mi hogar, allí donde encuentra satisfacción nuestro más profundo anhelo. Muchos se ponen a caminar, esperando hallar la Verdad en libros de esoterismo, en los de filosofía o en los de teología. El místico alemán del siglo XIII, el maestro Eckehart, sin embargo nos aconseja: “Hazte ignorante, para que llegues a la sabiduría”. No encontrarás lo que buscas hasta que te libres de tu ansia de saber más y más. Hasta que regreses a ti mismo, volviendo al silencio viviente de tu SER simple y sencillo, a tu interior más profundo.

Abandona, deja al lado, todo lo que nubla la VERDAD, todo lo que te impida percibir tu Ser desnudo. Habitualmente vemos con nuestros ojos solamente el exterior, los velos que ocultan lo esencial. Y creemos que estas envolturas son el todo, que no existe nada más. Para alcanzar al SER sin más, al SER vacío y desnudo, para llegar a la VERDAD que somos, al fondo más profundo, tenemos que dejar caer la Fata Morgana, la dimensión del Ego. Es al llegar aquí cuando podemos ver quiénes realmente somos, y al mismo tiempo descubrir la Unidad de todo lo que existe, lo Inmutable, lo Eterno, el fundamento de todo lo que ES.

(…) Como escribe Rafael Redondo: “El poema es el lenguaje que más se aproxima a lo sin lenguaje”. No obstante, la VERDAD no puede ser transmitida por palabras o conceptos. Para esta dimensión profunda no existen palabras, del mismo modo que no se pueden describir los colores a quien no sea capaz de verlos. Yo puedo explicar a alguien lo que es azúcar, pero sin llegar a saborear el azúcar nadie, a fin de
cuentas, puede saber lo que puede ser el azúcar. Esa es la dificultad. Por esta razón dice el maestro Eckehart: “Tenemos que desarrollar nuestra capacidad de percibir con los ojos interiores, hasta llegar a ver lo que ES”.

Rafael Redondo nos enseña aquí cómo desarrollar la capacidad de percibir. (…) cómo encontrar lo UNO abandonando la diversidad, y que cuando LO has encontrado, entonces abrazas la diversidad en lo UNO, y ves que el mundo exterior es el resplandor transparente de lo divino, del SER, en su pureza original. No existe nada más que Unidad. Fuera de la Unidad no hay nada. Todo es nuevo. Ahora, que se te han abierto los ojos ves tu vida como absoluta Libertad, Felicidad y Paz.

He acompañado durante quince años a muchas personas por el camino espiritual. Desde la propia experiencia, y desde la de otros muchos, yo sé muy bien que este camino ofrece frutos espirituales sorprendentes. Por eso, ante este valioso libro, yo deseo a los posibles lectores que entiendan lo siguiente: No el LEER la descripción del camino conduce a la meta, sino que es preciso andarlo.

Gisela Zuniga
Tomado del prólogo al libro “La radicalidad del zen”, de Rafael Redondo Barba, Ed. Desclée de Brouwer

 

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