DESPERTAR A LO REAL, por María Fradera y Teresa Guardans

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El auténtico interés por la realidad, por el existir, por los demás, no es aquel que busca algo para sí mismo, para satisfacer las propias necesidades. Al contrario, cuando se han dejado entre paréntesis las demandas es cuando puede darse (producirse, cultivar…) la experiencia ética, estética o religiosa. Las experiencias valiosas son experiencias de gratuidad; no nacen de la lucha por unas ganancias, del tipo que sean. Las impulsa el valor de la realidad misma por sí misma… Escribe Simone Weil (1):

“Estamos en la irrealidad, en el sueño. Renunciar a nuestra situación central imaginaria, no sólo con la inteligencia sino también con la parte imaginativa del alma, es despertar a lo real, a lo eterno, ver la verdadera luz, oír el verdadero silencio. Se produce entonces una transformación en la raíz misma de la sensibilidad, en la recepción de las percepciones sensoriales y las impresiones psicológicas. Sería comparable al cambio que se produce en nosotros cuando andando, de noche, nos damos cuenta que aquello que creíamos ser un hombre, es de hecho un árbol; o cuando reconocemos el sonido del roce de las hojas donde nos parecía oír unas voces apagadas. Los mismos tonos, los mismos sonidos, pero todo ha cambiado.
Vaciarse de la falsa divinidad, renunciar a ser en la imaginación el centro del mundo, comprender que todos los puntos podrían serlo igualmente y que el verdadero centro está fuera del mundo […] es en verdad consentir la verdadera existencia de la realidad. Y ese consentimiento es amor. […] El amor al orden del mundo y a su belleza es el complemento del amor al prójimo.
Proceden de la misma renuncia, la renuncia a la voluntad de dominio. No se da contemplación alguna si no hay amor. Para admirar realmente el universo, el artista, el hombre de ciencia, el pensador, el contemplativo, deben traspasar esa película de irrealidad que lo vela y lo convierte para la mayoría de los hombres, a lo largo de casi toda su vida, en un sueño o un decorado de teatro”.

Tomado del libro:
La séptima dirección “El cultivo de la interioridad”.
María Fradera y Teresa Guardans
Editorial Claret, Barcelona. 2008.

(1) Simone Weil. A la espera de Dios. Madrid, Trotta, 1993, p.98-99 y 105.

 

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