ENRAIZADOS EN EL DESCANSO Y EN EL SILENCIO, por José María Toro

El enraizamiento es un aspecto fundamental a cuidar a la hora de promover y facilitar nuestra estabilidad, nuestro reposo y descanso.

Si un sistema energético no está conectado a la tierra cualquier sobrecarga lo hará estallar. Una persona desarraigada o que no mantenga una adecuada relación con la gravedad de la tierra se sentirá sobrecargada y puede llegar a sentirse abrumada por sensaciones fuertes, por el peso de sus tareas y responsabilidades o por cualquier sobrecarga de tipo emocional. De manera consciente tenderá a evitar eso reduciendo su sensibilidad. Esta labor no consciente de insensibilización se realiza, sobre todo, a base de tensionar y a través de una alteración en la respiración, que comienza a realizarse de manera acelerada, arrítmica y superficial.

Los seres humanos somos como árboles, arraigados en la tierra y proyectados hacia el cielo. Si un árbol se desarraiga se seca. La persona desarraigada convierte su vida y su espiritualidad en algo abstracto y sin impulso vital.

Como criaturas de tierra estamos conectados al suelo.

Una persona enraizada, arraigada mantiene una adecuada conexión vital con la tierra, tiene los pies en ella, sabe quién es, dónde está, está conectado y fluye con las realidades básicas de la vida.

Tener los pies en la tierra es estar en contacto con la realidad, es la gran posibilidad para estar “aquí-ahora”, en lo real que tenemos justo ante nosotros.

Nuestro descanso y silencio pueden ser considerados y atendidos como lugar o espacio de enraizamiento. Cualquiera de las cuatro posturas básicas en las que podemos descansar y meditar en el silencio pueden ser estación o postura privilegiada para arraigarnos.

La cualidad del enraizamiento de una persona configura su sensación interna de seguridad y, por consiguiente, de descanso.

JOSÉ MARÍA TORO

(Del libro “Descanser. Descansar para Ser”.Edit.Desclée, pág. 55)

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