SOBRE LA BELLEZA, por Jeff Foster

Hannover Rathaus

“Cuando la gente ve ciertas cosas como bellas,
otras se convierten en feas…”
– Tao Te Ching

Dicen que la belleza está en el ojo de quien la mira. Aquello que es bello para mí, podría no ser tan bello para ti.

¿Habrá una belleza más profunda, una belleza más allá del “yo” que la observa, alguna belleza que no tenga opuesto? ¿Acaso hay una belleza eterna más allá del pensamiento, más allá de los conceptos, más allá de la subjetividad, más allá incluso de la palabra “belleza”?

Decimos que algunas cosas – objetos, personas, imágenes, música – son bellas. Pero, ¿acaso la belleza está realmente “contenida” dentro del objeto en sí? Si uno tuviera la capacidad de abrir el objeto, la música, la poesía, la cara, ¿descubriría su belleza inherente? ¿Podría la belleza ser “agregada” o “eliminada” a una cosa? ¿Hay algo inherentemente bello o feo antes de que el pensamiento lo defina como tal?

Cuando decimos que algo es “bello”, cuando nos conmovemos hasta las lágrimas inesperadamente, cuando perdemos el aliento y el mundo entero desaparece, ¿qué es lo que está realmente pasando?

Nos hemos salido de nosotros mismos por unos breves instantes. Ya no hay un “yo” separado mirando un objeto separado – la vida se está viendo a sí misma, reconociéndose a sí misma en lo “otro”. Yo ya no soy un sujeto a distancia de lo que estoy viendo. Sólo hay ver, puro ver, no hay división entre el “veedor” y lo que se “ve”, no hay dos, sino absolutamente uno, y es desde esta intimidad, desde esta completa absorción de la vida, desde esta plenitud vacía que la palabra “belleza” emerge, como el débil intento de la mente por capturar esta inefable no-experiencia, esta pura observación sin la historia de un “observador”.

La belleza es el sabor de nuestra propia ausencia como entidad separada, como lo he escrito por varios años. Es el sabor de la vida misma.

Un objeto no “contiene” belleza, como ves – la belleza está en ver un objeto no como algo separado, sino como inseparable de mí. Es una ola en el inmenso océano de la consciencia, jamás separada de ese océano, jamás separada de aquello que soy. Es, en esencia, el misterio profundo, el mismo misterio que yo sé que soy.

La belleza no está “dentro” de una imagen o persona o sustancia, la belleza está en el ver, sin juicio ni resistencia, sin búsqueda, sin tiempo. Es un ver puro, desnudo, sin un veedor, sin un “yo”, pura contemplación sin nadie quien contemple. Es puro estado consciente contemplando amorosamente su “objeto”. Es tú, siendo esa contemplación, sabiéndote esa contemplación, jamás separando al que contempla y lo contemplado, al amante y lo amado. Es la unión de aquello que jamás fue dividido. Incluso la envoltura de un dulce, o un montón de estiércol, vistos bajo esta luz, pueden ser divinos.

En este sentido más profundo, todas las cosas son bellas, porque no hay “cosas” en absoluto, sólo hay puro ver, la luz primordial de la consciencia que brilla sobre todo el mundo, iluminando todo sin condiciones ni prejuicios. Conocerme a mí mismo como esa luz, me permite ver la belleza en todos lados, en todo aquello que calificamos como bello y en todo aquello que calificamos como feo. Todo es cósmicamente bello simplemente porque todo existe, porque todo puede ser visto y contemplado desde nuestro propio abrazo.

Estamos de acuerdo en que ciertas cosas son bellas, por supuesto. El rostro de Mona Lisa, la música de Mozart, la poesía de Wordsworth. Tal vez algunas cosas sirvan como indicadores más claros y más limpios de belleza subyacente. Tal vez algunas cosas – algunas obras de arte, algunas piezas musicales, algunas poesías – indican de manera más clara y nos ayudan a argumentar con mejores habilidades, o más conscientemente, el solo misterio de ver.

Pero realmente, cualquier cosa puede ser bella, ya que cada “cosa” es una expresión de aquello que buscas, no una “cosa” realmente sino la invitación de ver a través del velo de la unidad subyacente. Una botella rota, un desperdicio de manzana – cualquier cosa es un portal hacia la belleza. Tu mundo es tu galería de arte y tu propia invitación a Casa.

Sí, hay una belleza más allá del pensamiento y es el sabor y la fragancia de tu propia presencia, eterna. Permite que todo sea tu arte, y permite que todo te recuerde lo que realmente eres.

No es de extrañar que la Mona Lisa sonría.

Jeff Foster
(Traducido por Tarsila Murguía)

Fuente: facebook.com/jeff-foster-en-español/

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1 comentario en «SOBRE LA BELLEZA, por Jeff Foster»

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