TÚ DAS EL PRIMER PASO… Y EL ÚLTIMO, por Grego.es

Instante de luz

Un texto que escribí hace varios años y estaba sin publicar.

 

Tú me sedujiste y yo me dejé seducir… (Jeremías)

Dios da el primer paso hacia mi.
Está más cerca de mi de lo que yo puedo estar, por eso se adelanta siempre.
Dios me conoce mejor de lo que yo me pueda conocer. Dios se conoce a sí mismo en mi.
Ese primer movimiento de Dios surge de una absoluta libertad y nos deja libres para responder.
Dios insiste siempre. Y nosotros permitimos o no esa insistencia.
El profeta Jeremías opta por el movimiento de respuesta a Dios y dice: “me dejo seducir.”
Si no nos dejamos Dios no entra, porque Él no viola nuestra libertad.

 

Tú me creaste y yo me dejé modelar…

Creemos que somos obra de nuestros afanes y esfuerzos.
Pensamos que nuestros padres son los que nos han dado la vida,
cuando uno solo es nuestro Padre.
El pulso vital que recorre nuestras venas lo mantiene Dios.
La energía que sostiene nuestra existencia tiene sus cimientos en el Padre.
El brillo de nuestra mirada lleva su luz,
El canto de nuestra garganta vibra en su mismo tono.
Somos obra suya, hechos a su imagen y semejanza.
¡ cómo podemos estar a veces deprimidos y tristes…!
¡ cómo podemos infravalorarnos y tener nuestra autoestima por los suelos
si somos una obra preciada de su creación,
si él cuida todos los detalles, hasta el número de nuestros cabellos !

 

Tú me llamaste y yo escuché tu voz…

La llamada de Dios se produce de muchas maneras y por distintos canales.
Dios no está sólo en el sagrario de la Iglesia principal.
El susurro del aleteo de las palomas lleva su voz…
El canto de los gorriones al alba lleva su voz…
El grito de sorpresa del bebé al ver a su madre lo lleva…
El gemido del ciervo herido por el cazador…
El cuento que cuenta el abuelo a su nieto…
La nana que emana de la voz de la madre…
Las voces de los obreros en huelga reclamando su puesto de trabajo…
Una única voz que resuena en todo el universo
Y que se expresa no sólo en los sonidos sino también en los colores,
las imágenes, el silencio, el movimiento y la quietud.

 

Tú me sanaste y yo me dejé sanar…

Dios sana nuestras enfermedades si las dejamos en sus manos,
Y si no sanan, nos da el consuelo necesario para sobrellevarlas
con dignidad y paciencia (ciencia de vivir en paz).
Nuestra mente e historia personal convierten el dolor en sufrimiento,
El dolor es sólo dolor, sufrir y autocompadecernos es obra de nuestro ego.
Una de las acciones principales de Jesús era la de ir sanando a la gente,
Sólo un requisito: tener fe, dejarse llevar,
perder el control personal para ponerse en manos de Otro que nos guía,
dejarse conducir por los brazos de Dios que nos lleva a dónde nos sea más beneficioso,
Él sabrá lo que hace…
Él nos creó y sabe mejor que nosotros lo que necesitamos…

 

Tú me amaste y yo me dejé amar…

¡Qué trabajo nos cuesta dejar que nos amen!
Siempre queremos llevar nosotros la iniciativa,
cuando es Él quien nos mueve y sostiene,
nos ama primero y nos enseña a amar.
Desde pequeños se nos insiste en el mandato de amar a Dios y a los demás.
Y nosotros, como topo que sale a la superficie, intentamos dar los primeros pasos.
¿pero qué haces, pequeño ego, intentando tomar la iniciativa ante Dios?
Sólo es posible amar a Dios si dejamos que Él se transparente en nuestra vida.
Sólo es posible amar a los demás si nuestra vida está embebida del amor de Dios.

Sólo tienes que girar tus pasos en dirección a la casa del Padre, que es tu propia casa.
Dejar de vagar por mundos exteriores que te hipnotizan y atrapan.
Cambiar el rumbo en dirección a tu corazón, a lo más íntimo de ti mismo.
Dejar que Dios se instale en la alcoba principal, en lo hondo del alma.
Lo demás vendrá y se nos dará por añadidura.

Grego.es

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TÚ DAS EL PRIMER PASO… Y EL ÚLTIMO, por Grego.es

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