EL EGO Y EL SER, por Grego.es

Wheat Field [E-X-P-L-O-R-E-D]
Creative Commons License photo credit: KevinLallier

«Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12, 24).

Consideremos que el grano de trigo es el ego, y la tierra nuestra naturaleza primaria, la nueva conciencia, nuestra bondad original, nuestra verdadera esencia.
El ego es un gran logro de nuestra evolución, no es una rémora ni nuestro enemigo.
Cuando lo manejamos desde la madurez es un gran aliado.

Mediante la práctica de la atención y de la acción, simplemente dejamos que el ego se vaya deshaciendo en la tierra de la que nació, como ese grano que va muriendo para transformarse en algo nuevo.
No machacamos el grano para que nazca antes el fruto, respetamos su proceso.
No lo eliminamos ni lo reprimimos, porque entonces no hay fruto.
No lo damos de lado sino que lo tenemos en cuenta y lo cuidamos amorosamente.

Así como el grano se debe enterrar en la tierra, el ego se debe sumergir en su fuente original para poder fructificar.

De ahí surgirá transformado y renovado como fruto de una nueva existencia.
Una existencia que se abre al exterior, al cielo de la vida, al aire fresco.
Una existencia dedicada a crecer y dar fruto.
Una existencia destinada a ser útil a los demás.
Un fruto para ser consumido y continuar el proceso de transformación dentro de una cadena infinita de vida.

Grego.es

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