APÁGAME LOS OJOS, por Rainer Maria Rilke

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Apágame los ojos y te seguiré viendo,
cierra mis oídos, y te seguiré oyendo,
sin pies te seguiré,
sin boca continuaré invocándote.
Arráncame los brazos, te estrechará
mi corazón, como una mano.
Párame el corazón, y latirá mi mente.
Lanza mi mente al fuego
y seguiré llevándote en la sangre
(El libro de las horas)

Según comenta Federico Bermúdez-Cañete en el prólogo del Libro de las horas (editorial Hiperion) este poema iba dedicado inicialmente a Lou Andreas-Salomé, antes compañera de Freud y Nietzsche, de la que Rilke estaba enamorado. Posteriormente Rilke lo incluyó en este libro como si se dirigiera a Dios.

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Mira: así es la muerte en la vida. Una y otra
se cruzan como en una alfombra.
Los hilos corren, y lo que resulta
es sólo un dibujo, visto desde fuera.
Cuando alguien muere, eso no es la muerte.
Muerte es cuando alguien vive sin saberlo.
Muerte es cuando alguien no puede ni morirse.
Muerte es muchas cosas que no pueden ni siquiera enterrarse.
En nosotros es diario el morir y el nacer,
y nosotros vivimos distraídos,
igual que la naturaleza no se detiene sobre uno y otro,
y sobre ambos discurre, sin tristeza,
sin interés siquiera. Pena y gozo
son hilos, sólo hilos, para quien nos mira.
(La princesa blanca – El libro de las imágenes)

Del libro “Vida de Rainer Maria Rilke: La belleza y el espanto” de Antonio Pau, editorial Trotta

Fuente:  mymlecturas.blogspot.com.es

Imagen: https://pixabay.com/es/users/tpsdave-12019/

 

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Publicado en Blog, Poesía