EL OJO SANO, por Enrique Martínez Lozano

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“El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado; pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tiniebla, ¡qué grande será la oscuridad!” (evangelio de Mateo 6, 22-23)

Es propio del yo pensar que todo es cuestión de voluntad. Sobre esta creencia, se apoyará el voluntarismo, el perfeccionismo e incluso el juicio y la comparación. Pero, ¿realmente es así? ¿Ocurren las cosas por nuestra voluntad o sencillamente ocurren porque ocurren? ¿Puede nuestra voluntad hacer que amanezca? ¿Puede mi voluntad hacer que yo tenga unos pensamientos diferentes de los que tengo? Y si mis pensamientos y sentimientos vienen a mí sin control de la voluntad, ¿qué papel me queda?
Mientras no hay consciencia, es la mente no observada –el ego– quien nos dirige, porque los pensamientos que están en la base de nuestras acciones son los mensajes grabados antaño, las pautas mentales y emocionales aprendidas, que se repiten de una manera automática. Hasta que no los hacemos conscientes a través de la observación, permanecemos identificados con ellas. Y esa identificación es sinónimo de no-libertad. Mientras no hay consciencia, aun creyéndonos libres, no hacemos sino obedecer los patrones aprendidos.
Por eso, el sabio sabe que no es cuestión de voluntad, sino de comprensión y, en último término, de “ver”. Jesús también lo ha visto. El gran obstáculo es la “oscuridad”, que no es otra cosa que el encierro producido por la identificación con el propio yo, como si éste constituyera nuestra verdad última. En cuanto vislumbramos la falsedad de ese encierro, se hace la luz en nosotros, comprendemos, y es precisamente esa nueva comprensión –la luz- la que nos coloca adecuadamente en la vida.
Así como el cuerpo necesita el ojo para estar iluminado –dice el símil que usa Jesús-, la persona necesita de esa luz para salir de la oscuridad y del sufrimiento.

Enrique Martínez Lozano
El Hombre Sabio y Compasivo: Una Aproximación Transpersonal a Jesús de Nazaret. 
Journal of Transpersonal Research nº 1 (2009) pp.34-56.

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Publicado en Blog, Sabiduría