LA EXPERIENCIA DE LA ESPIRITUALIDAD EN LO COTIDIANO, por Willigis Jäger

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El camino de la experiencia de la espiritualidad lleva a la vivencia de lo Uno. Ese Fondo originario se expresa en amor, como la vivencia existencial de lo Uno. Es la experiencia que lleva a los demás y es la base de una nueva ética del amor. Se reconoce a sí misma en los demás. El atento obrar, la clarificación de la propia mente y el “des-envenenamiento” del propio corazón son, por tanto, la meta de todos los caminos místicos. El que en una experiencia espiritual irrumpe a la vivencia de su ser auténtico, reconoce el Fondo Originario de todo ser, del que no puede salirse nada. El camino espiritual desemboca en unión universal. Allí apunta toda la mística de Oriente y Occidente. Ésta es la verdadera revolución que los humanos tenemos que aportar: la revolución del Amor. En esa experiencia está la salvación de nuestro desgarrado mundo. Ese Amor no puede excluir a nadie, de ese Amor no puede salirse nadie, ni siquiera el asesino, el terrorista o el criminal de guerra. La mística es afirmativa con el mundo y la persona, y sabe que no hay nada que no sea manifestación de esa Realidad primigenia.

El mundo que generalmente percibimos es un conjunto de fenómenos aislados. El verdadero mundo es Uno. Pero ese mundo de Unidad no es en realidad sino el mundo muy concreto con sus muchos y variados elementos aislados.

Lo fenomenológico y lo esencial son dos aspectos de una misma realidad. Son como los dos extremos de una vara. No hay ninguna vara con un sólo extremo. No existe nada que no sea una forma de la “no-forma”. El mundo fenomenológico es idéntico al mundo del Vacío total y de la Unidad, en el que no existe nada. Las incontables formas de manifestación son completamente vacías. El Vacío en todas las formas las encierra juntas en una unidad. “Uno es todo y todo es Uno”. Por tanto el Vacío tiene la función de reconocer lo Uno.

La experiencia del Vacío lleva a una nueva relación con todos los seres y cosas. Abre el camino a una unión enfática. El sufrimiento del otro será mi sufrimiento.

Cuanto más profunda sea la experiencia espiritual mayor será también nuestra compasión. Y de ahí viene la motivación para el comportamiento social. No crece de un mandamiento sino de la experiencia del Amor inalterable. Es la experiencia de la unidad y unión con todos los seres. Las religiones lo llaman lo “más hondo de Dios”. Sólo desde aquí la palabra amor recibe su verdadero significado. Este amor no viene del ego. No tiene nada que ver con declaraciones de amor simples como “te quiero”. En la experiencia espiritual surge una benevolencia universal.

Encierra todo, porque en lo Uno no hay división. Ese amor es como el sol que no diferencia entre bueno y malo, sino que brilla sobre todo por igual.

Sólo existe lo Uno y lo podemos reconocer como nuestra naturaleza auténtica. El que avanza a este peldaño, ha interiorizado la ética del Amor y entiende las palabras del maestro de la Iglesia Agustín: “¡Ama y haz lo que quieras!”. Es el mismo Amor el que en adelante determina el comportamiento ético de la persona.

Willigis Jäger

Fuente: texto incluido en el programa de las I Jornadas Nacionales de la Fundación Española Caminos de Sabiduría Oriente-Occidente
Madrid, 12-13 de Julio de 2013

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