EL MUNDO DE LA SEPARACIÓN, por Eknath Easwaran

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En la tradición judeocristiana, la superstición monstruosa de que todos estamos separados está simbolizada por la Caída; en las tradiciones hindú y budista se la llama Maya. Es una palabra que a menudo oímos en occidente y que solemos traducir como ilusión. No obstante, literalmente significa “lo que puede medirse”. Maya es el mundo finito que percibimos con los sentidos y comprendemos con el intelecto. Es el mundo de cambio que está sujeto a la muerte y al decaimiento. Al identificarnos con el cuerpo, la mente, el ego y el conjunto de hábitos que nos complace llamar nuestra personalidad, nos identificamos erróneamente con la Maya. Mientras estemos bajo el encanto hipnotizador de la Maya (cuyo nombre me gusta pensar que está relacionado con la palabra magia), continuaremos creyendo que podemos encontrar la plena realización en los placeres sensoriales, en acumular dinero, en adquirir grandes conocimientos, en imponer nuestra voluntad a quienes tenemos alrededor.

Pero sea cual sea la satisfacción temporal que estas búsquedas puedan aportarnos, no pueden traernos la alegría permanente que todos buscamos tanto. San Agustín hace que nos demos cuenta de eso cuando dice “Señor ¿Cómo puedo encontrar el descanso en otro sitio, si estoy hecho para descansar en ti?”. Lo que todos queremos es encontrar la sabiduría, la alegría y el amor infinitos, aunque es posible que busquemos en los lugares equivocados. Y ésa es nuestra auténtica naturaleza. En el centro de nuestro ser hay una chispa de pureza, de perfección, de divinidad, porque el Señor está en el corazón de cada uno de nosotros. Conforme vamos aprendiendo a identificarnos menos con lo que está sujeto a cambio y más con ese núcleo de perfección, despertamos gradualmente a nuestra verdadera naturaleza.

Fuente: http://valencia-yoga.es

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Publicado en Blog, La práctica