EL SENTIDO DE LA VIDA EN AL-ÁNDALUS – 1 – AVERROES

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En el año 1987 el Ayuntamiento de Córdoba, por iniciativa del escritor y profesor francés Roger Garaudy, cedió administrativamente la Torre de la Calahorra a la Fundación de su mismo nombre para constituir el Museo Vivo de al-Andalus.
Dicho Museo es una muestra viva de la riqueza, convivencia y tolerancia de las culturas presentes en dicha época: cristiana, musulmana y judía.
Este flujo y trasvase de conocimientos que al-Andalus absorbió, generó y luego transmitió se personaliza en el discurso de cuatro personajes representativos de los siglos XII-XIII: Averroes, Maimónides, Ibn Arabi y Alfonso X el Sabio cuyas efigies se muestran en la sala II el museo.

Comenzamos esta serie con un texto de Averroes.

– ¡Maestro Ibn Rush!, ¡maestro!…

– La medicina, la astronomía, todas las demás ciencias. Siempre me pedís que os explique lo que ha dicho Aristóteles sobre el saber de las cosas terrenales, pero nunca me preguntáis por las cuestiones últimas. De dónde venimos, a dónde vamos, la creación y, sobre todo, la finalidad y el sentido de la vida y de la historia.

– Maestro, hoy…

– Hoy como siempre, nuestra filosofía no servirá de nada si no supiera enlazar estas tres cosas, que yo he tratado de unir en mi libro “La Armonía entre la Ciencia y Religión”.

– Una ciencia, fundada en la experiencia y en la lógica, necesaria para descubrir las causas de los fenómenos.

– Una sabiduría, que reflexione sobre los fines de toda búsqueda científica, para que esta contribuya a hacer nuestra vida más hermosa.

– Y una revelación, la de nuestro Corán. Ya que únicamente mediante la revelación, podremos conocer los fines últimos de nuestra vida y de nuestra historia.

– ¿Pero para nosotras las mujeres?

– Las mujeres tienen los mismos fines últimos que los hombres. El Corán no distingue más que entre aquellos hombres y mujeres que buscan la ley de Dios y aquéllos que no se preocupan de ella. No hay ninguna otra jerarquía entre los seres humanos. Sin embargo, vosotros los hombres consideráis a las mujeres como plantas, a las que no se les busca más que por sus frutos, para la procreación; las convertís en cosa aparte, en sirvientas. Estas son vuestras costumbres y no tienen nada que ver con el Islam.

– ¿Y nuestros reyes?

– El Profeta nos ha enseñado que no hay guerra más santa que el decir la verdad a un dirigente injusto. El tirano es el más esclavo de los hombres, entregado a sus pasiones por sus mismos cortesanos y a sus terrores por miedo a su propio pueblo.

– ¿Cuál será entonces la mejor sociedad?

– Aquélla en la que se dé a cada mujer, cada niño y cada hombre, los medios para desarrollar todas las posibilidades que Dios les ha dado.

– Y, ¿qué poder podrá establecerla?

– No se trata de una teocracia como la de los cristianos de Europa, de un poder de religiosos. Dios, dice el Corán, ha insunflado en el hombre su espíritu, ¡hagámosle vivir de verdad en cada hombre!

– ¿Cuál serán las condiciones de una sociedad así?

– Una sociedad será libre y, por tanto, agradable a Dios, cuando nadie actúe en ella ni por temor al príncipe, ni por temor al infierno, ni por deseo de una recompensa cortesana, ni del paraíso. Cuando nadie diga ya más ¡esto es mío!

– Maestro, decidnos más cosas.

– Ya está bien de preguntas. En primer lugar, yo no soy maestro. Dios es el único maestro. Y la enseñanza más frecuente en su Corán es que hay que hacer el esfuerzo de reflexionar por uno mismo.

Fuentes:
Foto:  http://commons.wikimedia.org/wiki/File:AverroesColor.jpg
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