EL REINO DE LOS CIELOS, por Jeff Foster

Russet

Creemos que somos personas, individuos nacidos en un mundo indiferente – y en ocasiones
cruel- en el que debemos encontrar un significado, un propósito y la felicidad. Y esta creencia
está muy extendida, no hay más que pensar en los últimos dos mil años de historia de la
humanidad para darse cuenta de que puede que sea un sueño, ¡pero qué convincente resulta!

Perdidos en este sueño, a menudo deseamos poder despertar de él, por ello muchos nos
interesamos por la espiritualidad –oriental y occidental-, porque nos promete muchos más que
todo esto: una cierta dimensión de la existencia que tenga más sentido, algo divino, puro y
maravilloso, algo lleno de paz y desprovisto de sufrimientos. El cualquier caso, ¡algo mejor que
este caos terrestre!.

A veces oímos hablar de individuos que han alcanzado la iluminación, que han encontrado a
Dios o que han experimentado una pérdida total del yo, y hacemos de ellos nuestros maestros,
nuestros gurus, porque queremos lo que ellos tienen, porque anhelamos experimentar lo
mismo que ellos: parecen ser tan felices, sentir tanta paz, estar tan libres de todo el sufrimiento
humano. Hasta puede que dediquemos nuestra vida a seguirlos, a venerarlos, a escuchar sus
charlas y a leer sus libros veinticuatro horas al día.

Puede incluso que vendamos nuestra casa, abandonemos a nuestra familia y nos vayamos a
meditar a una montaña de la India. También es posible que nos cambiemos de nombre, que
nos vistamos con ropajes espirituales y que comamos comida espiritual. O que renunciemos al
cuerpo, rechacemos todos los deseos y ayunemos hasta quedarnos en los huesos. Ni que
decir tiene que todo esto tiene su razón de ser. No hay nada que objetar, todo esto es
maravilloso y completamente adecuado, pero no servirá para ponerle fin a la búsqueda: porque
mientras sigas haciendo algo para llegar a algún sitio , estarás atrapado en la búsqueda.
Mientras te pongas a meditar para alcanzar un estado de paz interior, seguirás atrapado en la
búsqueda. Mientras intentes ver que todo es una Unidad, que todo está conectado, que todo es
una manifestación de Diosa, seguirás atrapado en la búsqueda. Mientras sigas queriendo
despojarte del ego, seguirás atrapado en la búsqueda. Mientras sigas intentando estar
presente en el momento, seguirás atrapado en la búsqueda. Mientras sigas intentando
convertirte en algo distinto de lo que eres, o incluso mientras intentes ser lo que eres, seguirás
atrapado en la búsqueda. Incluso seguirás atrapado en la búsqueda si intentas ponerle fin.

¡Tanto intento, tanto esfuerzo! ¿Acaso no es más esfuerzo aún esforzarse tanto por poner fin al
esfuerzo? En realidad, esto es lo que se conoce como una situación de “doble vínculo”: mal si
haces algo, mal si no haces nada.

Entonces ¿Qué hacer cuando no se puede hacer nada? ¡Buena pregunta!

Cualquier sugerencia sería una simple forma de mantener viva esa búsqueda. Mientras la
mente (y al decir “mente” quiero decir pensamiento) pueda seguir haciendo algo, su
continuidad está asegurada. La mente incluso conseguirá mantenerse en pie diciendo:

<<¡Pues si no hay nada que yo pueda hacer, dejaré de buscar!>>, y hará intentos desesperados, por

abandonar la búsqueda pero, al mismo tiempo, tendrá asegurada su existencia: una persona

aislada que intenta abandonar la búsqueda se siente incluso más desesperada, lo cual incita a
seguir buscando, como el pez que se muerde la cola.

Por tanto, si no hay nada que puedas hacer ni dejar de hacer ¿qué puedes hacer?

—000—

No, no te voy a dar una respuesta. La búsqueda de respuestas a tus preguntas es sólo una
búsqueda más.

¿No te das cuenta de que a la mente le encanta hacer preguntas? Porque mientras pueda
hacer preguntas tiene asegurada su continuidad: porque existe un concepto de pasado, de
futuro, de individualidad, porque hay una persona que es la que hace preguntas y que acabará
encontrando respuestas.

¿No crees que si realmente hubiera respuestas ya las habrías encontrado? ¿Acaso no te han
dado ya bastantes respuestas? ¿Acaso no tienes las estanterías repletas de libros con
respuestas, repletos de ellas?

¿Sabes qué ocurre? Que este hacerse más y más preguntas debe continuar porque la mente
deber continuar, no quiere tirar la toalla, no quiere morir. Las respuestas a tus preguntas
surgen una y otra vez, pero la mente no puede aceptar que sean reales porque eso aniquilaría
las preguntas y, con ellas, a quien se las plantea. El sujeto que se plantea las preguntas nace y
muere con ellas. Ambos son interdependientes.

Por tanto la mente debe continuar para poder hacer preguntas y esperar respuestas. ¡Su propia
existencia está en juego! Y así es como continúa la gran búsqueda: <<¡Algún día me liberaré! ¡Algún día me habré liberado!>>.

¿Y por qué no hoy? ¿Y por qué no ahora? Y si ahora no, ¿cuándo?

¿Qué respuesta estás esperando?

¿Qué preguntas te estás planteando?

Quizás desenmascares todo esto y empieces a reírte a carcajadas de los tremendos enredos
en los que nos metemos al intentar ser libres, al intentar liberarnos. Uno se muere de risa
cuando se desenmascara la falsedad de sueño de la individualidad y de la lucha por ser libre,
libera mucho buen humor. Y puede que esto suceda y puede que no, aunque tú no puedes
hacer nada al respecto porque, ya de por si, ese “tu” no es más que una ficción, no es más que
un cuento, no es más que un pensamiento. Toda esa lucha es un sueño maravilloso, un cuento
que se está desarrollando en la conciencia, una película fantástica que te entretiene y que te
hipnotiza. Es una película que se proyecta sola, exactamente tal y como debe ser. La causa de
todo tu sufrimiento y tu frustración reside en tu convencimeinto de que puede interferir en ella
de alguna manera. El único sufrimiento es el concepto de opción.

Esta noche cuando te acuestes y te quedes dormido, la búsqueda se dormirá contigo. Así de
maravillosamente frágil e ilusorio es todo este montaje. Es un sueño maravilloso, un espejismo
maravilloso. Todo él es maia…

—000—

El reino de los cielos se extiende, sin duda alguna, por toda la tierra, pero hombres y mujeres
no se dan cuenta. De todos modos, incluso eso mismo –esa ignorancia nuestra del reino de los
cielos, incluso nuestra búsqueda del reino de los cielos- forma parte del reino de los cielos. Sin
duda, no hay nada que no sea el reino de los cielos.
Lo abarca todo. Todo

JEFF FOSTER: Extracto de su libro “La vida sin centro” (Ed. Trompa de elefante)

Fuente: www.elobservatorio.org/

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